Al principio hubo un sueño

La Transición, que viví parcialmente consciente, me resulta un periodo fascinante. Cuando llegó el momento de celebrarla / denostarla / recordarla, cuando se cumplieron los años de rigor para esas cosas (algún múltiplo de cinco), se desató el habitual torrente de obras sobre ese periodo. En particular, una serie de televisión y un libro llamado La Transición escrito por Victoria Prego. Yo lo leí fascinado, con la sensación continua de que escondida entre sus páginas había una historia de ciencia ficción esperando a salir. Tras una sesión de lectura, eché una cabezada y de pronto desperté con la idea del cuento. Es una de esas ocasiones en que la mente inconsciente se centra en un detalle que en el libro pasa casi sin importancia, se aferra tenazmente a él y te lo ofrece como germen de una historia.

A partir de ahí, mi contribución fue muy fácil. Siguiendo la poética de Greg Egan, el cuento no podía ir sobre esa idea. Esa idea era el sustento de todo lo que vendría luego. Es más, el cuento debía cambiar varias veces, al menos tres, revelando sucesivamente que la historia real es otra muy diferente. El final, debe sorprenderte pero a la vez ser coherente con todo lo que se ha contado antes. Escribir el principio, intentando darle un sustento “científico”, fue relativamente fácil. Establecer los parámetros fundamentales para todo lo que vendría luego, también. Pero lamentablemente, en cuanto los personajes se embarcan en su misión ya no pude seguir.

Poco después, los que hacíamos BEM nos reunimos en Cascáis. Hablamos de muchas cosas, claro, pero en particular de la ciencia ficción española. Yo llevaba un ejemplar de una antología Year’s Best Science Fiction de Dozois y comenté algo al efecto de que yo no quería escribir un buen cuento de ciencia ficción española, sino un cuento que se pudiese publicar en una antología así. También le conté a Ricard la idea de “Transición” y mi problema para seguir. Extrañamente, esos dos momentos, que parecían no tener mayor conexión, resultaron estar más que relacionados.

Recuerdo que Ricard puso cara de que los engranajes de su cabeza se movían a gran velocidad. Una expresión ausente que indica que la persona está usando los recursos de su cerebro en un proceso de reflexión. Al poco me dijo que si quería podíamos colaborar en escribir ese cuento, si yo estaba de acuerdo. Fue una suerte, porque sin él el cuento no habría existido y ni habría sido la mitad de bueno.

Lo presentamos a un concurso donde no logramos nada. Luego, apareció en Visiones 1997, una antología de cuentos compilada por Rafael Marín. Ahí, en el orden normal de las cosas, debería haber acabado todo. Pero luego Miquel Barceló y yo mismo lo incluimos en la antología Cuentos de ciencia ficción, para pasar posteriormente a la antología Cronopaisajes. En algún momento de ese proceso llamó la atención de Andrea L. Bell y Yolanda Molina-Gavilán que lo tradujeron al inglés y lo incluyeron en Cosmos Latino. Una vez en inglés, la gran sorpresa fue verlo aparecer en Year’s Best SF 9 de David G. Hartwell y Kathryn Cramer, una antología que como su nombre indica recoge lo mejor del año (con lo que tuve mi suerte de deja vu con aquella conversación de Cascáis).

Se puede decir que “El día que hicimos la Transición” ha superado todas nuestras expectativas, si pensar que sería publicado en una pequeña revista para luego ser olvidado rápidamente era una expectativa. Si alguien nos hubiese dicho que acabaría publicado en japonés, por ejemplo, no lo hubiésemos creído. Como tampoco hubiésemos creído que acabaría siendo incluido en The SFWA European Hall of Fame, compilada por James y Kathryn Morrow. Y tratándose un libro con el sello de la SFWA, la organización de escritores de ciencia ficción, sus traducciones se han multiplicado hasta tal grado que ya hemos perdido totalmente la cuenta. Sé, por ejemplo, que está publicado dos veces en italiano, y creo que incluso en checo. Vamos, que gracias a ese libro ha cobrado una especie de vida propia y se va propagando por sí solo.

Hay quien me dice que es el cuento español de ciencia ficción más traducido (aunque necesariamente “Entre líneas”, de José Antonio Cotrina, que también aparece en el volumen de la SFWA, bien podría serlo). Pero lo sea o no, la verdad es que el cuento gusta. Por ejemplo, Yolanda Molina Gavilán, en Ciencia ficción en español: una mitología moderna ante el cambio, lo lee como reflejo de “cierta incertidumbre ante la voluntad y la preparación democrática de los españoles”, interpretación que al principio me resultaba desconcertante pero que cada vez me resulta más interesante. Otros destacan la historia de viajes en el tiempo y que éste se produzca en un periodo histórico que no es el habitual. Algunos disfrutan de una historia de aventuras que empieza de una forma y termina de otra. Y seguro que hay otras muchas interpretaciones.

Ya ha pasado mucho tiempo y como toda obra pertenece ya más a los lectores que a los autores. En esa posición, Ricard y yo somos ahora más bien lectores un poco más cercanos y la distancia que ahora tenemos con respecto al cuento nos permite verlo de otra forma, dedicarnos al ejercicio de imaginar que ha sido escrito por otros, dos personas completamente diferentes. ¿Qué nos dice ahora el cuento? La verdad es que muchas cosas, una cierta interconexión de elementos que nos convence con cada lectura.

Pero los autores también deberían callar.

Y dejar que los lectores hagan sus propias interpretaciones.

Pedro Jorge Romero

 

Poco puedo añadir yo, sólo decir que amo las historias sobre viajes en el tiempo y que la Transición ha ejercido y sigue ejerciendo una feroz atracción en mí. Cuando Pedro me resumía su idea, casi le pongo una pistola en el pecho para que aceptará que le hincara el diente. Por suerte para él, aceptó. El resto es historia.

Ricard de la Casa

 

 

EL DÍA QUE HICIMOS LA TRANSICIÓN

Relato de Pedro Jorge Romero y Ricard de la Casa

Ilustraciones de Juan Antonio Fernández Madrigal

 

 

—Hoy os toca a vosotros hacer la Transición —dijo en mi oído la voz del teniente de guardia.

Abrí los ojos inmediatamente. Toda la habitación estaba a oscuras. Se había activado una alarma temporal y en esos momentos todo el edificio debería estar completamente sellado: nadie podía entrar ni salir. Diez segundos más tarde se encendieron las luces. Los nanosistemas de nuestros cuerpos comenzaron a activarse, controlando cientos de procesos biológicos. Ahora podía ver con mayor claridad.

La Transición es un clásico. Al menos una vez por semana hay que hacerla, y en ocasiones hasta dos o tres veces en un mismo día. ¿Por qué todos los terroristas, de uno u otro bando, tienen semejante fijación con ese período? ¿Por qué no intervienen más a menudo en la guerra civil o en el asunto de la armada invencible? Supongo que, simplemente, la Transición está tan llena de posibilidades, hay tantos caminos abiertos simultáneamente que todo bando político o grupo económico se cree capaz de ajustar el proceso de forma que triunfe su particular posición.

Parece tratarse también de una fijación particularmente española. Otros países sufren también ataques terroristas que pretenden cambiar la historia a su gusto, pero esos casos se producen una o dos veces al año. Sin embargo nosotros tenemos que lidiar hasta con treinta casos a la semana y más de la mitad pueden situarse en la Transición. Parece que los españoles estamos tan insatisfechos de nuestra historia y somos tan incapaces de aceptar que otros hayan triunfado en el pasado que realizamos grandes esfuerzos por cambiarla. En cualquier caso, no importa: el trabajo del Cuerpo de Intervención Temporal de la GEI es evitar que esas situaciones se den, y en particular cuidamos mucho de la Transición.

En realidad hemos llegado a ser unos expertos en ella. Aprender de los terroristas nos ha dado una excelente visión de ese período. Hemos profundizado tanto en todos sus vericuetos, que somos capaces de aventurarnos en esos años sin ninguna preparación ni estudio concreto.
Rudy es experto en flujo temporal, yo diría que muy bueno. Es capaz de discernir que acción dará el mejor resultado. Marisa y yo somos expertos en historia española comparada. No sólo la nuestra, sino también de las principales ramas que subyacen desde el 2012. Isabel es experta en ambas cosas a la vez, es muy buena relacionándolas.

Nos levantamos inmediatamente de los camastros. Yo fui el primero, Isabel la siguiente, luego Marisa y finalmente Rudy. Isabel y Marisa tenían mucha experiencia, pero Rudy era la primera vez que hacía la Transición desde su último reclutamiento. Yo por mi parte he hecho la Transición diez veces seguidas; mi mejor récord.

Los que estamos de guardia normalmente dormimos vestidos, para estar listos en el caso de tener que realizar una operación. Pronto estuvimos preparados. Isabel se acercó a mí y me miró fijamente. Era una reafirmación de nuestro acuerdo; hemos sido amantes la mayoría de las ocasiones, sólo amigos en otras, pero siempre hemos estado juntos y nos hemos apoyado el uno al otro. Nuestra última relación había sido un poco desigual, ella no estaba muy segura, pero parece que yo seguía intentándolo.