Minimalista

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La foto está realizada en un pasillo interior llamado In der Burg y conecta una plaza interior (a la que se accede a la Escuela española de equitación) y otras plazas y edificios del Palacio Hofburg en Viena.

Me llamo la atención la luz y acabé sobreexponiendo para eliminar detalles que no me apetecía plasmar. Lo hice también bajando la velocidad para perder detalle con los caballos. Siempre me he sentido incomodo con la explotación animal, por muy bien cuidados que estén. No lo puedo evitar, ya que sé que esos son las excepciones y nunca la norma.

En el procesado, apenas leves correcciones, solo eliminé algún artefacto que me molestaba para centrar el punto de interés.

Siempre es un riesgo hacer fotos como está. Entiendo que se salen de la norma y que tienen mucho más éxito fotos bien expuestas, con menos complicaciones a nivel composición. Me siento impulsado a crear cosas que me emocionen o que me produzcan sensaciones, aunque no sean agradables. La vida casi nunca lo es.

Como decía William Klein: “Una buena foto debe contar sentimientos” y para mí se cuenta la historia triste de una sumisión.

©) Ricard de la Casa – Imagen y texto junio 2019

Puede ver la foto en grande en mi galería de FLICKR o en 500PX.

Senderos de luz y gloria

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Dentro de 20 días, se cumple 9 años que escribí está entrada para una foto (pinche aquí para verla) sobre senderos.

La palabra sendero tiene muchas connotaciones. Es sugerente y rica en posibilidades. Tendemos a pensar en escala humana y, sin embargo, hemos visto hermosos e intrincados senderos desbrozados por hormigas. En los bosques me encanta encontrar las señales de paso habituales de otros animales. Se convierten en un enigma que hace falta desentrañar.

Los senderos son caminos que nos llevan a descubrir nuevos lugares. Son puro transito hacia el futuro. Cuanto más diminuto y camuflado más encantador es. A veces, solo algunas marcas, aquí y allí, permiten seguirlo. Si prestas mucha atención eres capaz de descubrir las pistas que te adentran en parajes ignotos.

Alguna vez, solo rememorando el camino hecho, te das cuenta de que has seguido uno sin darte cuenta. Es tan esquivo que si intentas regresar a él, eres incapaz de encontrarlos de nuevo, de ingresar en la vereda.

También tenemos senderos mágicos. Se desvanecen con solo hollarlos. Apenas puedes inhalar su aroma y su esencia se malogra.

Y los de luz.

Aparecen siempre haciéndote un guiño. Majestuosos e infinitos. Blancos plata, dorados o rojos carmesí. Nacen frente a ti, provocándote. Exhalando pura tentación en forma de luciérnaga.

De todos ellos el más misterioso es la Luna. Apetece echar a andar y moverte. Un deseo condicionado.

Ahí está, justo a tus pies y sin embargo eres incapaz de echar a andar.

Hoy quiero hablarles de otro sendero de luz, uno que no podemos aún hollar, pero todo se andará. Es el que nos marca en nuestro horizonte nocturno, nuestra galaxia. Cuando oscurece, las estrellas que conforman la Vía Láctea forman un camino que todos nuestros ancestros habrán mirado. Algunos con indiferencia o curiosidad y otros, supongo que los menos, como locos bajitos intentando alcanzarlas. He titulado esta entrada como Senderos de Luz y Gloria, porque si de algo estoy seguro (si nuestra especie no se malogra en el intento), es que ese camino marcará un nuevo viaje de descubrimiento. Eso sí, espero que este sea mucho más amable y prudente con lo que nos encontremos.

Será glorioso no solo porque verán cosas que para mí son inimaginables y eso me llena de pura ansia, sino que también porque la duración de ese camino podría ser de miles de años. Es evidente que me quedo corto.

Estoy seguro porque será el sendero natural de progreso. Un camino de luz que seguir que nos llevará hasta el núcleo galáctico. Ese punto de luz y a la vez ese lugar oscuro, inconcebible y a la vez extraordinario. Otra frontera que en algún momento aprenderemos a atravesar. Quizá sea otra puerta estelar que nos lleve a otras galaxias, algunas tan lejanas que su luz aún no se vislumbra en nuestro horizonte.

Todo es tan vasto que no tiene límites. Como nuestra imaginación.

Puede ver la foto en grande en mi galería de FLICKR o en 500PX.

©) Ricard de la Casa – Imagen Junio 2019 Texto Junio 2010 – 2019

Selfie en la misma sesión con ayuda de Maria del Mar Sánchez

Puerta estelar

Hay algunos lugares en apariencia inocuos que ocultan secretos impensables. Mauro Staccioli, el escultor, lo creó y lo dejó allí para que aquellos que fueran hasta ese rincón del mundo pudieran viajar más allá de la puerta de Tannhäuser.

Parece tan solo una escultura. Un enigmático anillo que enmarca otra escultura natural cincelada a golpe de tormentas. Puedes acercarte, trepar por él o moverte a su alrededor, sin resolver el enigma que oculta.

Si te quedas quieto, en el ángulo correcto, y sabes dónde mirar, La Joya puede que te perciba, parpadee y te deje vislumbrar lugares que pensabas que solo existían en tu mente.

Pero no es suficiente.

Tienes que soltar tu imaginación y creer. Desligarte de las ataduras de la realidad. Abrir las alas y volar. Es un acto de amor.

Y en ese momento se abre para ti.

Estás en Andorra, en el Pirineo y a la vez, al alcance de las yemas de tus dedos, el resto de nuestro universo se extiende justo a tus pies. Ya no necesitas los ojos para ver. Las nebulosas son frescas fragancias que te inundan. La luz se transforma en notas de sándalo y percibes gente que viaja cerca de ti como textura de colores brillantes. Sus saludos son latidos que tintinean en tus mejillas. Destellos de calor que vienen y van.

Tu imaginación vibra con cada uno de los tenues agujeros de gusano que se abren para ti. Lineas que te enlazan con el pasado y el futuro.

Eres capaz de verte de niño y de anciano. Cambiar. Especular lo que fuiste y lo que serás. Deslizarte por mil realidades. El tiempo es tan solo un lago calmo de aguas profundas que deja un regusto salobre en tu boca.

Hay algo de temor en ese momento. Verte superado, asaltado por fuerzas que crees inmensas. Giras la cabeza buscando un asidero y de repente estás de vuelta en el punto de partida. Sonríes y sigues haciendo lo que hacías antes de partir.

Escuchas como la máquina de fotos, sujeta en el trípode, acaba de exponer y cierra la cortinilla. La foto está hecha y le das un vistazo.

Solo es una escultura, pero tú sabes que hay algo más.

Puede ver la foto en grande en mi galería de FLICKR o en 500PX.

©) Ricard de la Casa Texto e imagen– Junio 2019

Selfie en la misma sesión con ayuda de Maria del Mar Sanchez

Gigante

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Barajaba otros títulos para esta foto.

Pensé en El ojo del huracán. Pedro L. Escudero, el fotografo, está justo situado en el centro tranquilo y a su alrededor la vorágine de la tormenta se desata. Nadie le presta atención mientras él busca nuevos planos. Otro posible título era Soledad. Es cierto que todos se están divertiendo menos, aparentemente, él. No es justo, Pedro está concentrado. Me lo imagino porque yo estaba haciendo lo mismo. Buscando y procesando a la vez, Qué y cómo. Se está dejando llevar por su intuición, por su experiencia. Como conducir, ya no piensas en lo que hacen tus piernas ni tus manos, ni tus ojos… todo trabaja en un solo objetivo. El fotografo hace exactamente eso. Creo que Pedro se lo estaba pasando en grande, disfrutando de cada segundo de la HOLI Party en Encamp.

Finalmente, me gusto el título de Gigante. Su estatura destaca más con el punto de vista de mi cámara. Aún todavía más si tenemos en cuenta la gente que le rodea. Y tiene connotaciones positivas. Aún resuenan en mi cabeza los ecos de viejas películas con gigantes que se mueven en un mundo diminuto. La fantasía sigue viva en nuestro interior y eso es muy emocionante. Sigue desatando sensaciones euforizantes sin necesidad de química. Y eso, digan lo que digan, es lo mejor de todo. ¡Disfruten!

Tengo que dar las gracias a Pedro y a Maria del Mar, por compartir ese momento y por avisar de la celebración de la fiesta. Y por supuesto a todas las locas y locos que participaron la HOLI Party. Ellos fueron la fiesta.

Puede ver la foto en grande en mi galería de FLICKR o en 500PX.

©) Ricard de la Casa – Mayo 2019