Fuente

publicado en: Fotografía, General | 0

Modesta, toda gris y a la altura del suelo, era casi invisible a los ojos. Sin las manzanas habría pasado inadvertida.

Casi.

Sin embargo, era la fiesta de la manzana en Mirepoix y los organizadores decidieron, como cada año, vestir el pueblo de rojos, verdes y amarillos.

Me encantan las fuentes. Un humilde caño de agua convertido en arte.

Ya no quedan tantas, son vestigios de otros tiempos. Esa idea conecta sutilmente con estos días, donde el peso de los recuerdos de pasadas fiestas, resuenan en mi memoria como si fuera ayer. El sabor es agridulce claro, no creo que ningún adulto pueda escapar a esa sensación. Así que, como no puedes evadirte, quizá convenga más adaptarse como hace el junco, dejarse mecer por el vendaval y aprovechar las cosas buenas que tiene.

¡Disfruten!

 

 

Si lo desea puede verla en grande en mi galería de FLICKR.

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