Arkansas o la seducción sin pudor

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Con un título tan poco sugerente como Arkansas, al menos para nosotros, David Leavitt vuelve de nuevo a su particular universo de seducción con el que cautivarnos o mejor, seducirnos, con las aventuras sensuales de sus personajes.

Las narraciones que componen esta particular antología, sirven para expurgar del alma los pequeños demonios que todos llevamos dentro y Leavitt lo hace sin pudor, sin pedir perdón y sin siquiera sentir vergüenza por lo que escribe. El escritor se convierte en personaje de sus propios relatos.

Arkansas reúne tres deliciosos cuentos largos, narrados en primera persona, voz que consigue emocionarnos especialmente al contar, de una forma más personal, las aventuras de sus personajes. Esa elección no es casual, ya que se intuye lo mucho que hay del propio David en estas páginas, mucho más incluso de lo que el mismo hubiera preferido o, conociéndole, quizá no.

El libro comienza con “El artista de los trabajos universitarios”, en donde el escritor es a la vez, narrador y personaje. David nos cuenta como, tras la polémica desatada por la denuncia que interpuso el poeta inglés Stephen Spender (que le acusaba de haberse apropiado de su vida en la novela Mientras Inglaterra duerme), se refugia en Los Ángeles, en la casa de su padre. Allí inicia una escatológica relación con diversos estudiantes en los que se trueca sexo por trabajos literarios. No hay nada nuevo en eso, pero Leavitt consigue mostrar lo intrincado del alma humana, y la explora hasta donde estamos dispuestos a llegar, sin ambages, sin vergüenza y con grandes dosis de sinceridad.

“Las bodas de madera”, el segundo relato, con un sugerente esbozo de la campiña italiana, es más bien un juego a tres bandas donde la bola que se pasan unos a otros es Mauro, un bello muchacho italiano. Una excusa perfecta para introducirnos en los lugares ocultos de cada cual, escarbar un poco en nosotros mismos y comprobar que pocos motores hay tan poderosos como el sexo y donde los lectores habituales de David Leavitt se reencontrarán con dos viejos conocidos Celia y Nathan.

Finalmente “La Calle Saturn”, el más hermoso de los tres, cierra brillantemente esta antología, y lo hace de una manera muy personal. Para mi esta narración contiene muchas más vetas de su propia vida que el primer relato (a la sazón en el que el escritor asume la condición de personaje). Mucho más dramático por lo que cuenta, un repartidor de comida para enfermos de sida se enamora de uno de sus clientes, y por como lo cuenta que no el fondo que intenta plasmar, que es lo que realmente importa. El cuento es a la vez sincero y conmovedor, no por una falsa sensiblería, sino por dejar entrever que aún, a pesar de los problemas, el amor se abre paso siempre, quizá parezca cursi o anodino, pero en manos de Leavitt cobra una especial relevancia.

Utilizando tres voces en primera persona, Leavitt consigue personalizar lo que cuenta, acercarlo mucho más al lector, contar los sentimientos que anidan dentro de nosotros y a la vez nos deja entrever mucho de él mismo. Incluso en “Las bodas de madera”, contiene mucho de sí mismo. Se agradece la honestidad con que aborda cada una de las situaciones, pero sobre todo la sutileza a la hora de describir los momentos álgidos, que no sólo le convierten en un escritor admirable y lucido, sino que consigue que la antología no sea un libro más en nuestra biblioteca.


 

ARKANSAS Leavitt, David. Arkansas (Arkansas, Three Novellas, 1997).

Editorial Anagrama. Panorama de Narrativas. nº411.

Trad. J.G. López Guix.

Barcelona 1998.

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