Crítica, el análisis perverso

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Presentación

Escribí este artículo hace ya treinta y cuatro años. Lo primero que eso indica es que ya soy viejo, y lo segundo que quizá ya esté desfasado. Buceando entre mis archivos rescatados que han viajado entre varios discos duros a través de décadas, me lo encontré el otro día. Fue publicado en uno de mis fanzines preferidos y que desgraciadamente no tuvo continuidad. Se trata de «no ficción» una revista no profesional, un fanzine, creado y dirigido por mi buen amigo Pedro Jorge. Siempre he tenido por Pedro una admiración absoluta y cuando me ha dejado he colaborado con él. He escrito artículos para él, hemos dirigido otra revista no profesional juntos, BEM, e incluso hemos escrito juntos el que yo considero (imagino que él también) nuestro mejor y más internacional cuento. Hace más de treinta y cinco años que somos amigos y es una de las personas más inteligentes que conozco. Ser su amigo me ha permitido disfrutar de uno de los mayores placeres que se puede obtener en este planeta, su conversación.

Hoy repasando el artículo apenas he cambiado alguna palabra, no está mal para siete lustros, me siento ciertamente orgulloso de ello. Tiene detrás una pequeña historia. Lo escribí escocido tras haber escrito la crítica de un libro que otro crítico puso a caldo. Un día, meses después, hablando con ese crítico que me criticó (la reiteración es decididamente a propósito) me comentó que sabía porque la había escrito. Él era la razón por supuesto, o mejor dicho su artículo. Ahora me río de esas pequeñas anécdotas y debo agradecerle que lo hiciera, Eso espoleó mi materia gris para trabajar más y mejor.

Lo que sacas de esto es que si te metes en estos berenjenales es importante hacerse con una gruesa piel de elefante para ser capaz de extraer conclusiones sin que te vaya la vida en ello.

Crítica, el análisis perverso

Aunque escribir una crítica decente, y sólo eso, parezca en principio un trabajo fácil y algunos lo hagan parecer tarea sencilla, la realidad nos demuestra que la cosa es algo más complicada de lo que se preveía. Escribir una buena crítica está sólo al alcance de unos pocos escogidos que gozando de un cierto estilo, tienen muy claro ciertas premisas básicas. El crítico se enfrenta a la novela con varios retos ante él, ya que hay muchos factores diseminados a lo largo del camino que pueden hundir la empresa. El cóctel de todo esto, dada la cantidad de ingredientes, no suele tener las primeras veces, muy “buen sabor”, luego a base de insistir cabezudamente, empiezan a llegar las primeras satisfacciones y es que con el tiempo uno puede llegar a convertirse en “crítico” afamado, pues como en multitud de cosas la experiencia es un artilugio básico en estos menesteres.

Antes incluso de ponerse a escribir una crítica, tenemos que pensar en algunos aspectos de está. ¿Por qué deseamos escribirla? ¿A quién va dirigida? ¿Qué tipo de crítica pretendemos hacer? Si estas cuestiones no se muestran evidentes, empezamos por mal camino, ya que se supone que un crítico no nace por generación espontanea, como algunos divertidos alienígenas de nuestras novelas favoritas, sino que ha recorrido un camino más o menos largo desde lector pasivo, activo, y por fin fan o profesional participativo.

La primera pregunta es retórica por supuesto, este no es el lugar adecuado para argüir los motivos o preferencias para llevar adelante semejante acto, pero al menos deberíamos poder discernir el impulso que nos mueve a comentar para bien o para mal una novela, sea por lo mucho que la disfrutamos, padecimos, lo indiferente que nos dejó o quizá por la obligación contraída con alguien, factor este que suele tener una amplia cuota de influencia.

Antes de abordar la concepción de una crítica debemos saber quien nos leerá, es decir el tipo del público al que va dirigida y por tanto escribir a la altura de ese lector ¡si podemos por supuesto! Saber a quien va dirigido el comentario hará desechar o profundizar aspectos de esta, que pueden influir positivamente o negativamente en su lectura, puede darse el caso, de hecho se da, que el lector se pierda entre citas a otros estilos, novelas u autores; o que se realicen comparaciones que el comentarista asume como ampliamente conocidos por la mayoría de sus lectores y que luego no es así.

No es lo mismo tener una columna en una revista de información general, que en un diario o en un fanzine especializado. Cada uno tiene un tipo de público que, en el algún caso, se puede mezclar pero que evidentemente no se puede tratar de la misma forma. La última pregunta es tan importante como las anteriores ¿cómo debemos enfocarla? No es lo mismo pretender simplemente informar de cómo es una novela sin hacer juicios de valor que catalogarla, es decir ponerle una “etiqueta”, al estilo de índice o hacer una evaluación a conciencia.

Las tres derivaciones son validas, pero a todas luces las dos primeras no deberían presentarse bajo el nombre de crítica, ya que en todo caso un comentario informativo o una catalogación no llega a diseccionar en profundidad la novela, ni extrae un perfil, ni llega a unas conclusiones. Sólo la última, permite un examen detenido de la novela, y aquí es donde comienza el berenjenal donde sin darnos cuenta nos hemos metido. Aquí es donde están agazapados la multitud de factores a la espera de hacernos fracasar en el loable intento. Así pues visto que la cosa se complica ¡vayamos por partes!

La estética, es el primer factor que nos encontramos. Una estética informal, preocupándonos más de nuestro propio estilo, buscando aspectos lúdicos o humorísticos y dejando de lado lo principal que es la novela pueden de entrada hacer fracasar nuestro mejor intento.

También hay que tener en cuenta que cuando uno se lanza al ruedo, se obtiene a la vez el carné de criticable, y aunque a uno no debiera en principio importarle el ser llamado inquisidor, voraz almorávide de la ciencia ficción, jomeinista, zamacuco o mequetrefe, parafraseando a César Zumelzu, esa posibilidad, esta presente en el momento de plasma sus ideas en el papel y por tanto le afecta de manera inconsciente.

Debemos por supuesto cuidar nuestro estilo, tenemos que aderezar todo el plato con los condimentos que cada cual crea más interesante añadir, pero sin que estos lleguen a tapar el sabor original. Dentro de este apartado hay que incluir la ética, pues en el momento de escribir, uno debe dejar a un lado resquemores o intereses ligados a personas que están detrás de esa novela en concreto, por ejemplo los directores de colección. Muchas de las personas que se “mueven” en este ambiente, trabajan en el mismo circulo de producción y edición o al menos no son ajenos a esos circuitos y ello puede llevar a “inconscientes”, o no tanto, influencias de signo positivo o negativo según sea el caso. Además y como una concesión muy especial a los puristas antes de empezar a escribir, hay que hacer un acto de desmemorización consciente y olvidarse del verbo “gustar”, se evitan muchos disgustos, ya que precisamente no es “peccata minuta” descender a semejante grado de indiscreción.

Una visión circunscrita a la novela es otro factor de desestabilización. Primero hay que saber desmenuzar la novela completamente para luego volverla a montar, de esta manera obtendremos una perspectiva de vista de pájaro de aquello que pretendemos juzgar, no sea que solo veamos la superficie del relato y se nos escape la verdadera historia que el autor nos quiere contar. Pero no sólo eso, uno debe tener siempre en cuenta otros aspectos que pueden influir decisivamente. Por ejemplo, la visión subjetiva, es decir escribir bajo la particular luz del crítico puede “teñir” de forma indeseada el escrito. Las particulares afinidades de cada uno: temas, autores, estilos son imponderables difíciles de superar. Ser objetivos y obviar nuestros propios gustos, es una meta lejana, pero debe ser perseguida en pos de un comentario equitativo.

Teniendo todo esto en cuenta, nos sumergimos en la parte más importante del comentario, la técnica empleada por el autor. Por un lado debemos prestar atención a su estilo, saber discernir entre : propios u originales, anodinos, vulgares o plagiados es importante. Apercibirse de los elementos armónicos como la sobriedad, lógica, agilidad, sencillez, intensidad, vistosidad o de sus antónimos o discrepantes, ayudarán a hacernos una mejor composición del “mapa” de la novela. Con todo, normalmente el meollo se circunscribe al trasfondo de la novela, el argumento en si, o mejor dicho el tema que subyace en aquello que se nos cuenta y aquí entramos en una discrepancia, ¿hasta que punto es licito explicar y desvelar fragmentos o incluso la novela entera? Se supone que la crítica debe ayudar, en parte, a seleccionar el material a sus lectores y por tanto hay que ser cauto y no desvelar algo que el autor de la novela ha preparado cuidadosamente. De nuevo el buen juicio del comentarista deberá tomar la decisión adecuada según la circunstancia que se le plantee. Estudiar la estructura de la novela, las ideas vertidas, la originalidad del tema, la caracterización y realismo psicológico de los personajes, los diálogos, la ambientación, el fondo… Es básico para llegar a hacer un análisis correcto.

Ya tenemos elementos suficientes para juzgar debidamente, pensaran algunos, y en realidad apenas hemos comenzado a entrever la cantidad de factores a tomar en cuenta. Por ejemplo no hemos hablado de los aspectos paralelos, punto vital para enmarcar correctamente a una novela, así habría que conocer la trayectoria del autor, sus manías, sus problemas, sus gustos y aficiones, saber si la novela forma parte de una serie, o peor, si es la secuela de un éxito editorial, o simplemente es la primera novela; a estas alturas no me atrevo a decir única debido a la cantidad de secuelas que se escriben en virtud de exclusivas razones monetarias. Se debería conocer bastante la corriente a la que pertenece la novela y su momento histórico, es decir cuando fue escrita y que gustos imperaban en ese momento.

Y por fin llegamos a la madre del cordero y el huevo de Colon. ¿Como evaluamos todo esto? Las dos corrientes mayoritarias dicen: 1/Pongamos una nota, como en el cole, que más da que sean números, estrellas, o dos silabas. 2/No pongamos nada, que cada cual saque sus conclusiones del texto. Ambos sistemas tienen sus virtudes e inconvenientes. En el primer caso, poner una nota ayuda a formarte una opinión más rápidamente pero puede perjudicar o beneficiar a la novela sin que sea intención del crítico hacerlo. Aquí no estamos en clase de matemáticas donde dos más dos suman cuatro, aquí pueden ser 3 o 5. Una novela puede tener una trama muy original, tener unos personajes increíbles, una lógica impecable… y un estilo desastroso, la suma de todo ello es una novela espeluznante. Si nos ponemos a hacer combinaciones veremos que no siempre es así, si intentamos una evaluación separada, nunca podremos sacar la “media” pues esta no será real. En el segundo caso, obviamos el fallo pero a costa de caer en la confusión, sólo las obras maestras y las indigeribles quedaran suficientemente claras para el lector. Si no es así, para todas las que navegan por la amplia medianía entre lo perfecto y lo imperfecto se corre el peligro de dar una de cal y una de arena sin saber a que atenerte y sin saber que argumentos tienen mas peso, si las virtudes o los defectos. Como siempre la solución se halla a medio camino entre los dos sistemas, un puntuación lo suficientemente amplia que actue como indicador o termómetro del interés de la novela, que sea tomado simplemente como eso y no como “verdad absoluta” y sobre todo estructurar la crítica de forma que tenga en cuenta este aspecto y no pueda inducir a confusión. Resumiendo: hay que cocinar, como en las encuestas, nuestras conclusiones para poderlas ofrecer de la mejor manera posible.

Podríamos seguir así, pero lo importante es remarcar donde nos conduce todo ello “la especialización”, ya que se hace difícil poseer amplios conocimientos de todos los elementos mencionados. Hay que tener bastante “fondo” para lograr escribir una buena crítica, con todo, no es tan complicado si uno se maneja dentro de una colección, autor o tema, lo peor es mantener el tipo y no aburrirse a si mismo y a los lectores diciendo las mismas cosas constantemente. No hay reglas de oro para hacer buenos comentarios, pero si dos buenos consejos: ¡Léanse antes la novela! Parece absurdo dar este consejo pero no lo es y una vez escrita la crítica, reléanla y pregúntense si con la mitad de palabras empleadas, se podría decir lo mismo, ya que lo que dijo Lope de Vega y a pesar de que la frase tiene cientos de años, y ha sido más usada que el papel higiénico, sigue en plena vigencia: “Lo bueno si breve dos veces bueno”.

Ahora si que hemos llegado al final, o lo que parece un final, ya que en realidad lo arduo empieza justo ahora, cuando decides ponerte sobre ello. Pero tampoco se preocupen mucho, lo mejor de todo este asunto, es que algunos a pesar de esta carrera de obstáculos consiguen hacer buenas críticas y unos pocos consiguen que hasta sean divertidas, y todo ello sin leerse este artículo, lo cual tiende a reafirmarme en la sospecha de que simplemente no sirve para nada lo dicho, y de que se puede pasar olímpicamente de él a la hora de escribir un excelente comentario.

© Ricard de la Casa, 1 de abril 1990 — noviembre 2014 . Para el Fanzine “no ficción”

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