Selfie

Hacer esta foto fue toda una aventura. Habíamos salido del restaurante y decidimos hacer una foto del grupo (justo al lado de donde brilla la iglesia, al fondo de la imagen). Preparé la Canon y como teníamos que salir todos, utilice el sistema automático de la cámara, esos famosos diez segundos de intervalo entre que disparas y la máquina actúa.

La luz que iluminaba la escena se movía entre mortecina e inexistente, así que cogí el flash. Tengo que confesar que no me gusta usarlo; su luz en exteriores es, en la mayoría de ocasiones, complicada de usar. Desde luego no es mi artilugio preferido y lo uso, tan solo cuando no tengo más remedio. Sabiendo eso, creo que decidió sabotearme, para cobrarse la deuda que tenía pendiente. Demasiadas veces lo había dejado guardado en la bolsa.

Así pues y como suele suceder, cuando esperas que todo salga bien, las cosas se torcieron. El flash no se disparó. No fue una sorpresa.

Insistí. Hice una segunda y una tercera y una cuarta. Todas, como se puede ya suponer, sin flash. Después de repasar todo, lo único que quedaba era suponer que el flash no reaccionaba cuando utilizaba los diez segundos de retraso. Creo que era la primera vez que lo usaba en esas condiciones.

Hubiera persistido si el bus que nos llevaba de vuelta al hotel no se hubiera presentado. No podía esperar a que las cosas marcharan correctamente.

Llegamos al hotel y buscamos un nuevo lugar para inmortalizar el momento. Una aventura de fin de semana visitando dos pueblos mágicos del sur de Francia.

Por pura cabezonería persistí en mi fatuo intento y de nuevo volvió a fallar.

Cambio de planes. Usa lo que tengas a mano, me dije, y en eso soy un experto curtido ya en todo tipo de situaciones. Usé la luz de los ubicuos smartsphones para iluminar la escena. No era la primera vez ni será la última.

Esta vez deje el flash en su zapata para que no se enfadara más conmigo y disfrutara del ambiente (asiento de primera). Eso si, al acabar no me olvide de darle las gracias al flash por fallar, la imagen resultante es mucho más divertida así.

Y sí, ya lo he solucionado. Tenía que usar un cable disparador con temporizador e intervalometro. Lo llevaba encima, pero por pura vaguería no lo usé.

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Infinite travel

El proceso de creación es complejo. Las imágenes sugieren historias y estas se desarrollan delante de ti, sabes lo que quieres y lo buscas. No necesitan de un porqué, ninguna justificación. La intuición te dice que vayas por un camino y te dejas llevar, pero sabes que detrás del intrincado proceso que te ha llevado a esa decisión hay elementos de peso que ahora mismo eres incapaz de separar y menos de evaluar. Demasiada información. Así que me dejo llevar, sé que la experiencia tiene peso y que no es una decisión gratuita.

Sí que me sorprende el hecho de que esas primeras decisiones sean las más acertadas. Normalmente, en aras de la claridad, hago varias pruebas y, en general, aquello en que lo que pensé primero, esa idea primigenia, es la más redonda. es la que mejores vibraciones me da.

En el momento de escribir esta entrada pensé en explicar porque pedí a la modelo que posara de esa manera, porque escogí esa textura de piedra y porqué en ese lugar. Al final basta con el título como pista. Dejar que cada cual imagine el lugar al que conduce. Tan solo sugerir.

Al cabo, solo de trata de dejar volar la imaginación y disfrutar.

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Mist

El día se levanta lívido. Apenas hay unos metros de visibilidad, la montaña, el pueblo, han desaparecido. Los viñedos son apenas un sueño desdibujado. Un silencio extraño se expande. Ni siquiera los pájaros se atreven a volar en la niebla.

Salgo al camino y me oriento. Fuera, estacionada, la camioneta que nos trajo. Echo a andar. Busco la carretera, la cruzo. Un viejo y húmedo camino me lleva hasta los arcos del viejo puente de piedra. Tras ellos, el rio, por encima discurre la vía del tren, es una ruta fantasmal. Hace siglos que no se oye a ningún tren pasar. Aquí hay un poco más de luz, logro ver hasta la otra orilla.

Busco el mejor sitio. Una pequeña playa. Cuando me acercó algo sale volando, tiene más de un metro de envergadura, pero me es imposible intuir más allá de sus sombras que tipo de pájaro es. No emite ningún sonido. Creo que lo he asustado.

El agua discurre en calma. Se diría que no hay corriente. Hasta el pequeño desnivel es silencioso. Planto el trípode, calzo la cámara y le pongo el filtro.

Ni siquiera he puesto música, Creo que aquí le iría bien escuchar a Pang! Walking in the sun para contrastar.

Disparo.

Disparo y me olvido de todo.

Ahora solo existo yo. Al cabo de un momento, ni siquiera eso.