Selfie

Siempre he sido refractario a salir en las fotos. No solo en las mías, sino en las de cualquiera. Es una tortura a la que me someto, únicamente, si no tengo más remedio. Así que hacerme selfis a mí mismo, solo lo hago en contadas ocasiones y buscando trascender el simple hecho de mostrarme.

Cuando empecé a hacer fotos, un poco antes de la adolescencia, cuando le robaba a mi padre su cámara, eso no se estilaba y supongo que ese punto de vista se ha mantenido a lo largo del tiempo.

Ya saben que la madrugada del 10 al 11 de enero, hizo mutis David Bowie. Justo ese día, el 11 yo tenía que acudir al programa Becaris, de RNA (Radio Nacional d’Andorra) con Xavier Albert y la Meri Picart a hablar sobre algún libro de ciencia ficción. Me puse a pensar y encontré la excusa perfecta para saltarme mis propias reglas (no se preocupen, siempre, si es necesario, la encuentro) y hablar de Bowie y de una novela que no es del género: Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower) de Stephen Chbosky. La novela, un viaje iniciático de un adolescente con problemas que se siente marginado, contiene en dos escenas importantes, y en ellas suena de fondo -pero también con mensaje- la canción “Heroes” de David Bowie. La segunda escena actúa de resumen de la película (de hecho, el película acaba con ella) y Chbosky expone los pensamientos del adolescente que resume un poco los sentimientos a esa edad:

“Pero sobre todo, lloraba porque de repente fui consciente del hecho de que era yo el que estaba de pie en ese túnel con el viento corriendo por mi cara. Sin preocuparme de ver el centro de la ciudad. Sin ni siquiera pensar en ello. Porque estaba de pie en el túnel. Y estaba realmente allí. Y aquello era suficiente para hacerme sentir infinito. Fragmento de: Stephen Chbosky. Las ventajas de ser un marginado”.

Así que allí estaba yo, a eso de las siete de la mañana, pasando frio pero disfrutando de un amanecer increíble en la gama de colores, escuchando a “The Boxer Rebellion” y haciendo fotos. Supongo que me vino la inspiración o mejor la necesidad de encontrar algo que llamara la atención y a la vez pensé, porque sentía que en ese momento te sientes infinito.

Me planté, regulé y me quedé como una estatua para dejar que las estrellas que yo si podía ver, quedaran inmortalizadas también en el sensor.

Ahora, cuando la veo, me siento realmente infinito.