El planeta y las fotos

La eclosión de movimientos en pro de la salud del planeta, en definitiva de nuestra propia salud (aunque parezca un poco mezquino mencionarlo), parecen reforzarse en una especie de realimentación en todos los medios.

La sensación es que la imagen esta tomando más y más protagonismo en todas estas campañas. Hoy mismo en Inglaterra, la gente protestaba por la intención del gobierno de ese país, de ampliar el aeropuerto. Los ecologistas portaban una pancarta con un lema que era toda una declaración en contra de ese belicismo imperante: “Vamos armados… sólo con los criterios de la ciencia”.

La foto me llamó la atención. Hasta ahora se había dado muy poca importancia a este tipo de fotos, como si reflejarlo de cualquier manera ya fuera suficiente. Me alegra ver que las cosas están cambiando. La imagen sin ser espectacular, gentes portando retratos de otras gentes, era una bella imagen.

Estos días era noticia como la nueva pista de Barajas pasa por un lugar donde varias especies aladas, entra ellas los buitres, intentan no ya vivir, sino sobrevivir. Aquí aún nos queda un largo trecho en ese camino de sensibilización. Otras noticias han ocupado también espacio en los diarios, más por el morbo que representan que por el verdadero  aviso que nos señalan: algunas especies atacan al ganado ya que no tienen carroña de la que alimentarse. Los signos están allí para quien los quiera ver, para aquellos que se sienten lo suficientemente alarmados o sensibilizados por un asunto en el que nos va nuestra propia supervivencia.

Ayer era noticia Spencer Tunick, un fotógrafo que ha alcanzado notoriedad realizando imágenes con seres humanos desnudos. Personalmente nunca me han gustado esas fotos, al menos hasta hoy. No les encuentro ninguna belleza especial, sólo por el hecho de contar con mucha gente desnuda en algún paisaje no es suficiente, al menos para mi.

Como cualquier otra foto, sea de lo que sea, tiene que tener esa chispa que la hace única frente a los millones de fotos que ya se han tomado, y las millones de imágenes que se toman cada día. Que hace que tu mirada no se despegue de ella, y que una vez levanta el vuelo, se sienta atraida a volver de nuevo a gozar de los pequeños secretos que destila.

Todo cambió cuando vi una en particular de la serie tomada en el glaciar Aletsch, en Suiza, el más largo de Europa, para una campaña de Greenpeace sobre el deshielo, en definitiva de nuevo sobre nuestro planeta herido. Me gustó. Mucho. La primera de todas las fotografías de esa serie con la que me complacía. Y no era por la gente desnuda, ni por glaciar, ni siquiera por la campaña sobre la que pretende sensibilizar, nuestro planeta enfermo (aunque decirlo así sea también una manipulación mezquina), era por la foto en si misma, de una composición bellísima, humilde y a la vez soberbia. Busque y encontré varias más de la serie, apenas alguna dejaba entrever aquella magnificencia, del resto mejor ni hablar.

Las dejo aquí para mi propio placer, pero también para aportar esa pequeña semilla que entre todos podemos conseguir que alcance su plenitud.