Microrelats pel AMJ

A principis de juny, el Jordi de Manuel es va posar en contacte amb mi. Em deia: S’està preparant un número de la nova Catarsi que està dedicat a l’Antoni Munné-Jordà i volem publicar un recull de microrelats (molt micros!). El conjunt es dirà “antonimunnejant”. Cap relat no durà títol, anirà signat i contindrà un màxim de 150 paraules.

Vaig acceptar clar, és un honor poder participar i a més l’Antoni s’ho mereix. M’encanten els reptes i vaig gaudir de valent escrivint només 150 paraules. El que volia era que el microrelat fos una història sencera i per complicar-lo més volia que tinguis entre línies un missatge.

El suplici, amb el que ja contava, va ser aconseguir no passar-me del màxim establert. Us confesso que va ser l’únic que em va amoïnar. A finals de juliol, dintre del termini establert, però justet, molt justet, el vaig enviar. Van ser 141 paraules. Tot un record per mi.

Per la EuroCon celebrada a Barcelona fa pocs dies (4 a 6 de novembre 2016) , el van publicar, moment en què van fer, dintre de les activitats del congrés, l’homenatge al nostre amic Antoni. L’acte està penjat al YouTube cortesia dels organitzadors de la EuroCon (gràcies!). Premeu a:

Eurocon 2016 – Homenatge a Antoni Munné-Jordà (CAT)

Aquí el teniu i també podeu gaudir de la resta de microrelats dels companys i companyes (Pep Homar, Montserrat Galícia, Salvador Macip, Carme Torras, ÀfricaRM, Rosa Fabregat, Jordi de Manuel, Jordi Font-Agustí, bea i Eduard Castanyo), si aneu al lloc original:

CATARSI

Antonimunnejant
Diversos autors

Quan vam decidir fer aquest número especial sobre l’Antoni Munné-Jordà, una de les primeres idees que ens va vindre al cap per fer-li un homenatge va ser demanar-li als seus amics que ens fessin un microconte inspirat en ell. Ens vam posar en contacte amb les persones que el coneixen millor i els vam fer la proposta, aquí en teniu el resultant:

L’Antoni va mirar per la finestra de la torre. El que va veure no li va agradar. Uns quants dracs volaven prop d’ell. Va girar cua i al tornar enrere va veure com el Manuel deixava els estris d’escriure. Al sofà la Mercè, en Pere, el Salvador i la Maria Aurèlia estaven quiets, esperant.
—Voleu dir que ens deixaran sortir d’aquí? -va dir des de l’altre costat de l’habitació en Terenci.
—Jo crec que és culpa teva Antoni, sempre escrivint històries de ciència-ficció —diu la Montserrat.
—I si fem un encanteri? —comenta en Terenci.
—Fes-lo! No perdem res! —diu la Rosa.
—Jo? Això tu Rosa o l’Antoni.
L’Antoni va tancar els ulls i va recitar unes paraules.
Els dracs van desaparèixer, les portes es van obrir. En Màrius els esperava amb els braços oberts.
—Benvinguts! Heu superat la prova!

© 2016 Ricard de la Casa

CHINA MONTAÑA ZHANG, de Maureen F. McHugh

China Montaña Zhang (CMZ) no es una novela fácil de leer. No porque utilice un lenguaje difícil, sino porque su lectura nos lleva a terrenos duros, donde la infelicidad, donde la lucha por sobrevivir son la norma, donde la apariencia lo es todo. CMZ se sumerge en los temas de hoy, de hecho en los temas de siempre, utilizando para ello una nueva sociedad con unos nuevos ritos culturales, que para nosotros los occidentales nos son extraños. (más…)

Dune de Frank Herbert

DUNE de Frank Herbert

un actual gran fresco galáctico de hace medio siglo

 

por Ricard de la Casa

 

Dune es una de las grandes novelas de ciencia ficción de todos los tiempos, uno de los clásicos inencontrable ya en librerías tras varios lustros de olvido editorial, y que La Factoría de Ideas ha recuperado para deleite de los lectores de hoy en día. Fue publicada inicialmente en España por Ediciones Acervo en 1975 y posteriormente por las editoriales Ultramar y Plaza & Janés. Domingo Santos fue su traductor, siendo revisada por el autor español para las siguientes ediciones tanto para Ultramar como para Plaza & Janés (que compartieron las mismas planchas). La Factoría de Ideas ha corregido, revisado y actualizado la traducción para esta edición de 2010.

DuneDune está ambientada en un imperio galáctico de carácter feudal, donde las máquinas pensantes han sido eliminadas debido al peligro que supusieron para la humanidad (en la novela se hace referencia a esa época como Yihad Butleriana), muy al estilo de los Berserker de Fred Saberhagen o, ya más próximo en el tiempo, de los Cylons de Battlestar Galáctica. En la novela se nos cuenta como la Casa de Atreides con el Duque Leto al frente, ha sido designada por el emperador para que gobierne Arrakis, el planeta más importante del imperio por ser el único que posee la especia melange, veneno que alarga la vida y confiere a los que lo toman capacidades cognitivas especiales. La Casa de Harkonnen, enemigos irreconciliables durante generaciones de los Atreides y anteriores gobernantes de Arrakis están detrás de esta decisión como forma de destruir al Duque y su familia. La estrategia del emperador y los Harkonnen no tiene en cuenta los planes que otras fuerzas del imperio -las Bene Gesserit- tienen destinado para el hijo del Duque, Paul Atreides, inmersas en superar sus propios límites humanos a través de la manipulación genética. Las condiciones extremas del planeta Arrakis, la especia y el pueblo que lo habita, los Fremen, serán los detonantes finales del nacimiento de algo inesperado. Existe en esta edición de La Factoría, como la había en las anteriores ediciones, una abundante información en los apéndices finales del libro, aunque yo recomiendo encarecidamente que no los lea hasta que haya finalizado una primera lectura de la novela para poder de disfrutarla sin ningún tipo de interferencias. Tiempo habrá para releerla a la luz de toda esa información.

Dune es «LA NOVELA» de Frank Herbert. Su éxito devoró al autor de tal manera que su nombre ha quedado ligado para siempre a Dune a pesar de tener una buena producción literaria que vale la pena descubrir. Tanto en Dune como en sus otras novelas destaca sobre todo el tratamiento y profundidad psicológico de los personajes y en ellas incide de manera especial en los aspectos socio-políticos. La novela pertenece a esa tríada de décadas prodigiosas (1940-1970) donde se asentó el género y en la que se escribieron la mayor parte de sus obras más emblemáticas. Sí, luego se han escrito excelentes novelas, pero la producción de aquellos años en su conjunto sigue siendo aún hoy en día insuperable. El mejor dato que se puede ofrecer es que en Ciencia ficción Las 100 mejores novelas de David Pringle1, 65 corresponden al periodo entre 1940-1970, y en la Guía de Lectura de Miquel Barceló2, de los 108 títulos reseñados, 62 corresponden al mismo periodo. Eso lo dice todo. Dune también está siempre en cualquier lista de las mejores 10 novelas de ciencia ficción que jamás se hayan escrito y en alguna la encabeza.

La novela que conocemos es la fusión, muy acertada, de dos novelas que Frank Herbert publicó de forma consecutiva y por capítulos en los Estados Unidos por Astounding entre 1963 y 1965 (la revista americana, que más tarde tomó el nombre de Analog): El mundo de Dune y El profeta de Dune. El éxito rotundo e inmediato le hizo escribir hasta 5 novelas más ambientadas en ese universo. Dune ganó el premio Hugo del año siguiente (durante la convención mundial de 1966), tiene en su haber, además, la conquista del primer Premio Nébula (se instauró en 1965) y también ganó en 1974 el premio a la mejor novela extranjera publicada en Japón. Tras la muerte del autor, su hijo Brian, con la ayuda de otro escritor, Kevin Anderson, han explotado hasta la extenuación la saga con precuelas que explican hasta el más mínimo detalle la conformación del universo de Dune. La calidad de las secuelas y precuelas es dispar y si las últimas que escribió Frank Herbert no aportan ya nada, las precuelas han sido completamente innecesarias justificándose, tan sólo, por el interés de explotar económicamente una marca ya consolidada.

Frank HerbertDune es una hermosa novela que contiene en su interior muchas historias. Historias de poder, de ambición, egoísmo… historias que retratan las grandezas y las miserias humanas. La novela de Herbert nos presenta también, de forma matizada y ciertamente más real, el clásico binomio de la bondad contra la maldad, la naturaleza contra la tecnología, la generosidad contra el egoísmo. También es una historia de superación, del paso del niño al ser adulto, con un fuerte aderezo de religión, mesianismo, filosofía, ecología y medioambiente… y todo ello envuelto en un estupendo paquete que, sobre todo, nos propone un gran fresco galáctico en el mejor estilo Jack Vance, un imperio en apariencia estancando, en donde algunas clases y castas sociales se han enquistado de tal manera que da la sensación que todos son pilares esenciales para el sostenimiento del mismo. Un planeta de condiciones medioambientales terribles descrito con minuciosidad y una sociedad que lo habita moldeada en esas dificultades. Herbert huye de convencionalismos, e intenta zafarse de las habituales etiquetas de los blancos absolutos y los puros negros sin grises intermedios; por suerte para la realidad interna de la novela también hay personajes oscuros que tienen destellos de honradez en algún momento y personajes a priori sin tacha que se comportan con envidia, celos o cualquier vileza humana. Todo ello enriquece la novela y moldea unos personajes cuyas emociones son vapuleadas una y otra vez por los acontecimientos. Si hay algo de lo que podría acusarse a Herbert en la novela es de servirse, por suerte sólo de forma muy esporádica, de estereotipos excesivamente marcados.

Tras cincuenta años desde que Frank Herbert empezó a documentarse y a escribir borradores, 45 desde que se publicó por vez primera en Estados Unidos, la novela no ha perdido un ápice de frescura. Da la sensación que permanece inalterable al paso del tiempo y no acusa, como muchas, ese desgaste que las hace ilegibles tras décadas acumulando polvo en nuestras estanterías. Evidentemente nuestro planeta ya no es el que era en la década de los 60 del siglo pasado, la sociedad humana ha cambiado mucho en algunos aspectos, a pesar de que, por desgracia, en otros seguimos estancados en los mismos lugares y con los mismos problemas. Yo diría sin temor a equivocarme que Dune es ahora más actual y más vigente en sus planteamientos que nunca. La situación geopolítica mundial ha colocado en el primer plano de la actualidad los principales puntos que el autor tomó prestados de nuestra realidad y digámoslo, con una visión que le acerca a la presciencia que incluye en su novela: Medio-Oriente y sus desiertos, pueblos humillados e invadidos, petróleo, un imperio y la guerra de guerrillas. Creo, y es tan sólo una opinión personal, que al igual que Isaac Asimov se inspiró en la caída del Imperio Romano para su serie de la Fundación, hechos más recientes de nuestra historia, por ejemplo el imperio otomano de finales del XIX y principios del XX o el mismo Imperio británico de esas mismas fechas, le sirven en bandeja a Frank Herbert para inspirarse. Sin duda el gran acierto del escritor fue plantear como último reducto las capacidades humanas de superación en todos los ámbitos y huir, como alma perseguida por el diablo, de las tecnologías que, aun estando presentes -en la novela hay naves espaciales, mecanismos antigravitatorios, armas atómicas y toda suerte de cachivaches-, son sólo las pinceladas gruesas del cuadro. Eso ha facilitado enormemente su vigencia y va a permitir que siga seduciendo a muchos lectores en el futuro.

Herbert puso especial cuidado en el lenguaje utilizado, escogiendo nombres y palabras de forma que ayudaran a definir los personajes y las acciones. Algunos tienen raíces conocidas, así Atreides procede del griego, Harkonnen del finlandés y muchas palabras del lenguaje del desierto están basadas en el árabe, aunque tampoco hay que tomar todo esto al pie de la letra, ya que el autor se toma sus propias licencias en la utilización de las mismas. Exponer aquí la lista se sale de esta reseña pero en este enlace podrán encontrar, aquellos interesados, un listado muy completo tanto en inglés como en francés. Profundizar tanto en estos detalles como en los apéndices que antes comentaba, puede dar, en segundas lecturas, la oportunidad de descubrir nuevos detalles que antes pasaron desapercibidos. Y no, no es una novela en la que sea fácil perderse como afirma David Pringle (Minotauro. Ciencia Ficción Las 100 mejores novelas). Es una novela densa, en algún momento compleja, con muchos personajes secundarios, pero nunca complicada, todo lo contrario, es tan lineal que permite seguir su trama con mucha facilidad. Tampoco estoy de acuerdo en que sea “difícil de creer”; Dune es una novela muy coherente y exhaustiva en la mayoría de sus aspectos, con su propia realidad interna en la que te sumerges y la aceptas como lo que es: una ficción. La religión está tratada desde un punto muy equidistante, chirriaba mucho más, por poner un ejemplo, algunos pasajes de Robert A. Heinlein en Forastero en tierra extraña. La leve ironía que destila hablar de una Biblia Católica Naranja ofrece ya un contrapunto muy sano.

Una novela tan popular ha tenido en su adaptación a la gran pantalla una historia tortuosa. En la década de los 70 Alejandro Jodorowsky estuvo trabajando en el proyecto durante más de 5 años. Grandes nombres se barajaron: Orson Welles, Salvador Dalí, Pink Floyd y dos grandes ilustradores: Chris Foss y H.R. Giger. Tras acumular retrasos y más retrasos, el proyecto fue abandonado y no fue hasta 1984 cuando Dino de Laurentis y su hija se empeñaron en sacarlo adelante, esta vez con David Linch al frente de la dirección. El excesivo control del productor hizo que Linch llegara a comentar que en realidad esa película no era suya sino de de Laurentis. Lo mejor a mi entender de la película son las aportaciones visuales de Chris Foss, lo peor fue la necesidad de acortar el metraje (el primer montaje duraba más de 3 horas), dificultando en demasía la compresión del film. Ya en su estreno hubo división de opiniones, dando el gran público la espalda a una película que sólo entendían aquellos que habían leído el libro.

Cartel de la Serie

En el año 2000, 16 años después de la primera adaptación, varias compañías se unieron para producir una serie para televisión que permitiera en sus 3 horas y 40 minutos condensar la obra de Herbert. John Harrison fue el encargado de adaptar Dune escribiendo el guión y dirigiendo la miniserie. Como en la película de Lynch, las licencias que se tomó el guionista y director desencantaron a una mayoría y la serie pasó sin pena ni gloria por nuestras casas. Desde hace unos 3 años se habla reiteradamente de un proyecto para sacar adelante una nueva película basada en el libro. El director escogido, Peter Berg, tras un tiempo de indecisión, renunció aduciendo que estaba muy ocupado, siendo sustituido por Pierre Morel. Hace apenas unas semanas se ha dado a conocer que este director francés abandonaba también el proyecto. Da la sensación que Dune es una novela indigesta para muchos guionistas o directores y habrá que seguir esperando.

Dune ha dejado una huella en las generaciones que la han leído. Quizá la más famosa de esas evocaciones la protagoniza Georges Lucas en su saga cinematográfica de La Guerra de las Galaxias. Entre las más destacadas se puede mencionar que Taatoine y Arrakis son ambos planetas desiertos, aparecen los restos de un gusano, Jabba, los Navegantes de la cofradía, así como a Leto II (en la secuela Dios Emperador de Dune), comparten muchas similitudes y la princesa Leia y la hermana de Paul comparten casi el mismo nombre Leia / Alia (en inglés se pronuncia A-leia). Tampoco esta reseña es el lugar adecuado para hacer una exhaustiva lista de los paralelismos entre Dune y Star Wars, pero en este enlace, si siente curiosidad, podrá encontrar información al respecto.

La novela se maneja bien en nuestras manos a pesar de sus 544 páginas y sus 700 gramos (lo mismo que pesa un iPad). La excelente portada del libro obra de Opalworks, la textura del papel, la legible aunque apretada letra -y los pequeños márgenes- para incluir el máximo de texto en el mínimo de páginas posibles y la excelente encuadernación son ejemplos del cariño y el cuidado que La Factoría de Ideas está otorgando a sus novedades. La editorial esta rescatando, en una labor encomiable, una buena cantidad de clásicos que deben estar en las estarías de cualquier aficionado a la ciencia ficción.

En resumen una gran ocasión para disfrutar de una de las mejores novelas que ha aportado la ciencia ficción a la literatura universal.

 

© 2010 Ricard de la Casa para BEM on Line

 

1.- Ciencia ficción Las 100 Mejores novelas. Una selección en lengua inglesa 1949-1984 de David Pringle (Minotauro 1990)

2.- Ciencia Ficción Guía de Lectura de Miquel Barceló. (NOVA Ciencia Ficción nº28 Ediciones B 1990)

 

 

Titulo original: Dune (1965)
Autor: Frank Herbert
Traducción: Domingo Santos
Ilustración de cubierta: Opalworks
Fecha de publicación: Septiembre de 2010
Formato: 23 x 15 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 544
PVP: 24,95 €.
ISBN: 978-84-9800-611-7
Colección: SOLARIS FICCION Nº: 142
Edita: La Factoría de Ideas

 

Contraportada

Dune relata la historia del planeta desértico Arrakis, única fuente de melange, la especia necesaria para el viaje interestelar y que además garantiza longevidad y poderes psíquicos. La administración de Arrakis es transferida por el emperador de la noble Casa de Harkonnen a la Casa Atreides. Los primeros no quieren abandonar sus privilegios, y a través de traiciones y sabotajes, destierran al joven duque Paul Atreides al duro entorno del planeta para que muera. Pero Paul podría resultar ser mucho más que un duque al que han usurpado su puesto… Su lucha se encuentra en el epicentro de un nexo de poderosas personas e importantes sucesos, y las repercusiones se dejarán sentir a través del Imperio.

Vaig publicar aquesta ressenya en català en el diari MÉS Andorra (versió reduïda per obvis problemes d’espai). Podeu llegir-la, si esteu interessats prement a: Descargar el PDF

CÓDIGO FUENTE de Duncan Jones

CODIGO FUENTE DE DUNCAN JONES

Ciencia Ficción que te hace pensar

por Ricard de la Casa
Código Fuente de Duncan Jones

 

Código fuente (Source Code) es una historia de amor, pero también es una reflexión sobre la corrupción del poder. Una historia de acción en el mejor estilo Hollywood y una reflexión sobre las posibilidades de los universos alternativos. Un tour de force de 8 minutos revividos una y otra vez al estilo Atrapado en el tiempo (Groundhog DayEl Día de la marmota) de Harold Ramis y la peor pesadilla de Johnny cogió su fusil de Dalton Trumbo (y su apología de la eutanasia). El coctel es, en manos de su director Duncan Jones y de su principal actor Jake Gyllenhaal, una mezcla explosiva de buen cine: diversión, entretenimiento, cine de ideas y a la vez una ventana abierta de dilemas morales que te hacen pensar.

CODIGO FUENTE de Duncan JonesComo en muchas película del género, se detiene poco en los fundamentos científicos que permiten al protagonista, el Capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhaal), regresar una y otra vez a ese universo alternativo, tomar posesión de un ser humano (literalmente) y vivir en primera persona sus últimos 8 minutos, para centrarse en la acción de lo que ocurre alrededor y sobre todo dentro de la cabeza del personaje.

Código fuente es un puzle que el espectador (y el mismo personaje) debe ir montando poco a poco con la información que se le suministra y con lo que el mismo descubre. La historia de amor es la espoleta de la traca final, que viene a decirnos que si juegas con fuego te puedes quemar. Además Código fuente oculta entre sus pliegues la más feroz crítica al poder omnívoro de los gobiernos y sus manos ejecutoras: los ejércitos. Algo que, por desgracia, sabemos cada vez más y mejor y que Wikileaks ha elevado a los altares de la realidad más nauseabunda.

La película tiene un guión sólido, avanza sin dejar resquicios entre un thriller de acción desbordante y un planteamiento de ideas del tipo ¿Y si…?, todo ello aderezado con mucha información disuelta en cada plano, lista para ser descubierta por el espectador avezado. Esos ocho minutos están trabajados hasta la extenuación y es, gracias al extraordinario trabajo de un cada vez más completo Jake Gyllenhaal, que se nos permite asistir repetidamente a la misma escena sin percepción de repetición, cansancio o aburrimiento. Con la sensación de tensión in crescendo pero sin llegar a ahogar en ningún momento la acción en su propio acido corrosivo.

CODIGO FUENTE de Duncan Jones

Hay algunos momentos especialmente significativos, como cuando el Capitán Stevens suplica que «esta vez no le explote la bomba» al descubrirla y se enfrenta al, suponemos, enésimo intento de desactivarla. La lágrima que le cae al terrorista cuando es atrapado, o la imagen reflejada en el Cloud Gate Sculpture – Mirror Bean de Chicago, planteando en la secuencia final el último dilema moral y quizá el más terrible de la película.

En el debe, comentar el endeble entramado científico que, aunque está bien encauzado, siempre deja algunas puertas entreabiertas por las que colar algunas dudas razonables. La película hunde sus raíces en la serie Quantum Leap (A través del tiempo) y en un claro homenaje a ella, la voz del padre del personaje principal Colter Stevens resulta ser la del personaje principal de la serie Scott Bakula.

CODIGO FUENTE de Duncan Jones

Avanzar en la resolución del conflicto exterior (evitar que estalle la bomba y cazar al terrorista) es también avanzar en la resolución del conflicto interior (quién es Colter y sus asuntos pendientes). Duncan Jones nos acomoda en un tren que discurre hacia su mortal destino estableciendo paralelismos constantes entre ambas situaciones. Cada una de ellas con otro personaje para establecer (y diferenciar) claramente el alter ego del personaje. Christina, interpretada por Michelle Monaghan se contrapone, estableciendo también aquí un doble juego de paralelismos, a Vera Farmiga que interpreta a la oficial de enlace Colleen Goodwin, dos caracteres y dos formas de tratar con Colter Stevens. De todos, el personaje del Dr. Rutledge, el científico, interpretado por Jeffrey Wright, es el más previsible y poco creíble (puro cartón-piedra). Me recordaba un poco al histriónico personaje del doctor Strangelove, interpretado por Peter Sellers en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú.

CODIGO FUENTE de Duncan Jones

El director, Duncan Jones (hijo del cantante David Bowie), dejó de ser “el hijo de” después de firmar Moon (2006) película con la que Código fuente comparte muchos puntos de vista: Un personaje aislado y sin saber muy bien que hace allí; la obsesiva lucha del individuo contra el sistema; y la aparentemente imposible dicotomía destino / libre albedrío. En esta nueva película aunque aún manifiesta poca experiencia en algunas soluciones visuales, apunta buenas maneras y con ella se podría decir que se le abren definitivamente las puertas de las grandes producciones y eso es mucho. Habrá que seguir muy de cerca los trabajos de este cineasta con ganas de dejar huella.

© Ricard de la Casa para BEM on Line

Vea un trailer de la película Código Fuente (Source Code) de Duncan Jones

 

SINOPSIS

Un héroe de guerra es enviado a través del tiempo, durante 8 minutos, para intentar evitar que estalle una bomba alojada en un tren con dirección a Chicago. Colter regresa una y otra vez al tren, y dispone de otros ocho minutos para identificar al terrorista, va reuniendo poco a poco nuevas pistas, pero no acierta a dar con su presa. Cuanto más datos descubre, más se convence de que puede evitar que se llegue a producir la mortal explosión… a menos que se le agote antes el tiempo.

 

Película: Código fuente. Título original: Source Code. Dirección: Duncan Jones. Países: USA y Francia. Año: 2011. Duración: 93 min. Género: Acción, ciencia-ficción, thriller. Interpretación: Jake Gyllenhaal (Colter), Michelle Monaghan (Christina), Vera Farmiga (Colleen Goodwin), Jeffrey Wright (Dr. Rutledge), Brent Skagford (George Troxel), Cas Anvar (Hazmi), Michael Arden (Derek), Craig Thomas (hombre del reloj rojo). Guion: Ben Ripley. Producción: Mark Gordon, Philippe Rousselet y Jordan Wynn. Música: Chris Bacon. Fotografía: Don Burgess. Montaje: Paul Hirsch. Diseño de producción: Barry Chusid. Vestuario: Renée April. Distribuidora: Aurum. Estreno en USA: 1 Abril 2011. Estreno en España: 15 Abril 2011.

INUNDACIÓN, de Stephen Baxter

I N U N D A C I Ó N

de Stephen Baxter

por Ricard de la Casa

Portada de la novela Inundación de Stephen Baxter

Cuando escribo estas líneas, se cumplen 25 años del desastre de Chernóbil, Fukushima sigue lanzando radioactividad al mar y a la atmósfera, Kioto languidece, el cambio climático es una realidad palpable (qué más da que el cambio sea algo normal en la vida del planeta o provocado por nosotros), los transgénicos han escapado al control humano y hasta la economía echa una mano para que el desastre ecológico sea imparable. Así pues, escribir una novela como Inundación y basarlo en la subida de los océanos, puede ser cualquier cosa menos descabellado y, hasta cierto punto, es una obra que refleja los tiempos que nos ha tocado vivir.

Indudablemente la teoría de los océanos escondidos que afloran roza lo inverosímil, pero Stephen Baxter lo utiliza, cuando se anuncia el apocalipsis, simplemente para especular sobre nuestro comportamiento, como especie en su conjunto y como individuos aislados. Paralelamente, no me parece mal que la narración pueda ayudar a tomar conciencia del peligroso camino que hemos tomado.

Como en muchas novelas y películas de desastres, asistimos al final del mundo (o de nuestro particular mundo) tal y como lo conocemos. Lammockson el propietario de la mega corporación Axys, sospecha que las aguas no se van a detener o volver a bajar. Es la misma intuición que le ha hecho dueño del conglomerado empresarial más poderoso del planeta. Así pues decide poner todos sus recursos humanos y financieros al servicio de un sólo objetivo: sobrevivir a la inundación creando una especie de arca de Noé autónoma, capaz de surcar los océanos del planeta de forma indefinida.

Baxter utiliza para navegar por sus páginas a una serie de personajes muy ligados entre sí y los va siguiendo desde su inicio en Barcelona hasta su final en la cima del Everest: Lily, Gary, John, Piers, Camden, el mismo Lammockson… La mayoría de ellos son un grupo de personas secuestradas por un grupo extremista hispano y que son liberados en el primer capítulo con la ayuda económica del magnate de Axys. Los lazos emocionales de los retenidos contra su voluntad, tras cinco años de duro cautiverio y sin saber lo que ocurre en el mundo, están definitivamente engarzados gracias a sus traumáticas vivencias. Al quedar en libertad deben enfrentarse a una nueva realidad: el mundo que conocían está en pleno proceso de cambio, el nivel del mar está subiendo y, aunque ellos aún no lo saben, seguirá haciéndolo durante décadas de forma imparable hasta convertir el planeta en un único océano. No solo deben adaptarse a una vida en libertad sino que también deben hacerlo a una vida que muta el relieve de las costas minuto a minuto, y a las amenazas y las urgencias que ello supone para la vida tal y como la conocemos.

Visión del centro de  Londres en plena inundaciónContrariamente a lo que pudiera desprenderse de lo antes escrito, este es un relato intimista que báscula entre la desesperación, la cruda realidad, el estoicismo y la esperanza. Con una hipérbole en sus primeras páginas que son, en sí mismo, el resumen de la novela completa. El mundo cambia para transformarse en un planeta completamente diferente, un empezar casi desde cero. Asistimos también a la muerte de nuestra civilización terrestre y también al nacimiento de una nueva era, y con ella de una nueva humanidad y las alteraciones que ello supone. Cuarenta años para ser testigos de cómo se extingue entre guerras, zarpazos, mordiscos, ambiciones, heroicidades y conformismo, una humanidad adaptada al suelo firme. Regresando (más bien intentándo adaptarse de forma forzada) a un mundo donde el agua es el único soporte vital.

Stephen Baxter con esta novela en la senda del mejor bestseller, consigue con un buen estilo, que no soltemos el libro hasta la palabra FIN. Logra también, en parte, someternos poco a poco a una estresante sensación de urgencia continua, eso lo consigue con unos capítulos cortos y en general intensos. Lenta pero inexorable el mundo cambia, las condiciones se modifican y nosotros, los humanos, intentamos adaptarnos. La novela nos muestra casi en detalle, las distintas formas de encarar el desastre dependiendo de cada uno de los personajes, el conflicto de intereses que la inundación produce, el cada vez menor espacio para una cada vez más amontonada humanidad. Aunque habría que matizar que la inundación se erige por derecho propio en el personaje principal de la novela, siendo los humanos que por ella circulan secundarios de lujo, están allí sobre todo, para trasladarnos lo que ven, lo que viven y lo que sienten.

Destacable, a lo Jack Vance (por su capacidad de construir unos escenarios sugerentes y vívidos), es la descripción y la visión de la inundación de Inglaterra, especialmente del Gran Londres, zona que Baxter debe de conocer al dedillo y que alcanza momentos de gran intensidad y realismo, casi podemos oler la humedad en el aire y sentir nuestros calcetines húmedos en los zapatos.

En la novela hay dos partes diferenciadas. En la primera, se nos narra la historia del planeta, contemplamos el holocausto planetario, vemos como las grandes ciudades se sumergen irremediablemente a pesar de todos los esfuerzos. Eso le permite a Baxter un seguimiento exhaustivo de la misma inundación. En la segunda, con las principales zonas habitadas por los humanos anegadas, con unas costas irreconocibles, el autor se centra más en los conflictos de esa humanidad acorralada en las pequeñas islas que asoman en un mar que sube y sube de forma lenta pero implacable. La supervivencia del más fuerte, del que sabe prever o adaptarse a la nueva acuosa realidad, se hace ley. Con leves pinceladas describe cada una de las varias posibles soluciones y sugiere, aunque no lo muestra de forma concreta, que la única solución es abandonar el planeta.

Stephen BaxterInundación comparte evidentes puntos de contacto con La tierra permanece de George R. Stewart, sobre todo en la manera de afrontar los hechos: La adaptabilidad humana, la flexibilidad y capacidad de superar todos los problemas. También, en la última parte del libro se hace mención expresa (pág. 435 Eclesiastés 1,4), a las palabras que inspiraron el título de la novela de Stewart y que imagino se incluyen en esta como homenaje a esa novela de hace 60 años. Muy poco o nada que ver, en cambio, tiene esta novela con El mundo sumergido de su compatriota Jim G. Ballard, aún utilizando los mismos escenarios (El gran Londres), ambas divergen completamente tanto en el planteamiento, las intenciones de los autores, así como en su desarrollo y desenlace.

Los momentos más poéticos de Inundación se producen en el último tramo de la novela, las últimas páginas, donde la dureza de la narración ha desaparecido, donde la implacable urgencia, dado que no hay nada que inundar, ya no existe. Donde el mundo que conocemos yace, muerto, en el fondo marino. Como en la novela de Stewart, una nueva armonía se instaura, estableciendo así otro paralelismo entre ambas novelas. Ese es el momento de la autentica transición a otro modelo de Gaia.

Hay muchos temas interesantes que se mencionan de pasada, porque en realidad es una novela y no un tratado científico, pero las consecuencias de tamaño cataclismo van mucho más allá de la humanidad. ¿Qué pasa con la desaparición casi absoluta de la cadena trófica terrestre? ¿Qué pasa con el oxígeno y el dióxido de carbono ahora que no hay masa forestal? ¿Qué pasa con la temperatura del aire, del agua y las tormentas? Los huracanes que se formen podrían no tener fin ¿Qué ocurre con la vida submarina ahora que apenas quedan zonas pelágicas? Un montón de curiosos interrogantes que el autor esboza, en algunos casos, con pequeños comentarios.

Como siempre La Factoría nos presenta un volumen muy legible, cuidado y con una portada muy sugerente. Hay que agradecer la inclusión de mapas de las zonas terrestres desde que empieza la inundación en 2016 hasta que el pico del Everest queda completamente sumergido en el 2052 y que sirven para hacernos una idea de cómo el mundo que conocemos va desapareciendo paulatinamente.

 

© 2011 Ricard de la Casa para BEM on Line

 

 

Contraportada

Las aguas se retiran y la economía empieza a recuperarse, pero en cuestión de dos años, Londres y Nueva York se verán sumergidas bajo el mar. El papa se dirigirá por última vez a los fieles desde el Vaticano; la Meca también desaparecerá bajo las olas.

El mundo se ahoga. Comienza una desesperada carrera por averiguar qué ocurre. El nivel de las aguas no deja de subir y la humanidad se retira a los puntos más altos del planeta. Comenzarán las guerras por ver quién domina las montañas.

¿Ha llegado el momento de que la humanidad luche por la supervivencia?

Sobre al autor

Stephen Baxter nació en Liverpool en 1957 y se licenció en matemáticas y en ingeniería. Desde 1995 se dedica plenamente a la escritura y destaca como uno de los autores más importantes del género. Es autor de casi una treintena de libros, entre ellos Las naves del tiempo (galardonada con los premios BSFA, Philip K. Dick y Campbell en lengua inglesa y premiada en España, Alemania, Bélgica y Japón) y La luz de otros días, El ojo del tiempo (ambas escritas en colaboración con Arthur C. Clarke) o Evolución, todas ellas en La Factoría de Ideas. Sus obras se han publicado en todo el mundo y han sido traducidas a más de una veintena de idiomas.

Titulo: Inundación (Flood; 2008).
Autor: Stephen Baxter
Traducción: Ainara Echániz Olaizola
Fecha de publicación: noviembre de 2010
Formato: 23 x 15 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 448
PVP: 24,50 €.
ISBN: 978-84-9800-624-76
Edita: La Factoría de Ideas. Col. Solaris Ficción nº 144

AMOS DE TÍTERES de Robert A. Heinlein

AMOS DE TÍTERES, de Robert A. Heinlein
por Ricard de la Casa

 

 

Heinlein TíteresHace falta leer a Heinlein para entender toda una época de lo que fue la ciencia ficción en algunas décadas, una de las más fecundas hasta el momento. Más allá de esta afirmación, hace falta leer a este escritor norteamericano para entender la evolución de la ciencia ficción desde sus inicios modernos allá por los años 30 y 40 del siglo veinte, pasando por las sucesivas revoluciones estilísticas y de contenidos hasta llegar al presente. Reseñar, comentar una obra de Robert Anson Heinlein se convierte habitualmente en un ejercicio que traspasa las fronteras, limitadas, de esa novela para abarcar su estilo e influencia en otros escritores que le imitaron. Para entender un poco al autor, su popularidad, su “filosofía” política, pero sobre todo sus obsesiones, hace falta bucear en su formación y vicisitudes. Heinlein se graduó como ingeniero en la Academia Naval de Annapolis y fue destinado a uno de los dos primeros portaaeronaves de la armada estadounidense, el USS Lexington. Debido a sus problemas físicos se ve forzado a abandonar ese estilo de vida y dedicarse a algo que, en principio, no parecía entrar en sus planes, convertirse en escritor. Este detalle, su frustrada carrera militar, marcará profundamente todas sus novelas y relatos, en ellas aflora un feroz individualismo, también confianza en sí mismo, glorificando especialmente la responsabilidad y el honor, a la vez que se manifiesta profundamente contradictorio. Todo ello será aprovechado por unos y por otros para encumbrarle o denostarle, aplicándole todo tipo de calificativos.

Amos de títeres se puede considerar su primera novela para adultos. Hasta entonces, durante la década de los 40 del siglo pasado, Heinlein había estado puliendo su estilo, escribiendo relatos que había publicado en las revistas de la época y alguna novela juvenil. El fin de la segunda guerra mundial no sólo trajo la paz (un eufemismo como otro cualquiera) sino que significó el fin de la “Edad de Oro” de la ciencia ficción y el comienzo de una cierta dignificación del género, saliendo éste de estar publicado prácticamente en exclusiva en las revistas, que por cierto no eran ningún paradigma de prestigio, para empezar a publicar en editoriales en formato libro. También fue la época en que acabaron las restricciones (de papel) y nacieron nuevas revistas que marcarían un antes y un después, como por ejemplo Galaxy Science Fiction, en donde apareció originalmente esta novela por entregas.

Amos de títeres es también hija de su tiempo. Los escritores de la época (recordemos que estamos hablando de los escritores de los Estados Unidos) tienen una visión muy positiva de su “modelo de vida” qué, tras la victoria en todos los frentes de la II Guerra Mundial (Asia y Europa), se ha visto reforzada hasta extremos inimaginables. La Guerra fría, que acaba de comenzar, les marca una confrontación que se verá reflejada, de manera más o menos encubierta, en muchas novelas donde las “dictaduras“, fascistas o directamente comunistas son finalmente vencidas, derrotadas o al menos desactivadas. Existe una atmósfera amenazante: La URSS inicia sus experimentos con la bomba atómica en 1949, Mao llega al poder ese mismo año y la guerra de Corea se inicia en 1950. El senador McCarty inicia su famosa y nauseabunda “Caza de Brujas” también ese año (y no sería desautorizado hasta 1956 dejando un reguero de gente profesionalmente destrozada cuando no directamente muerta). El universo en el que se mueve la humanidad en esos momentos, los ciudadanos de los EEUU y Heinlein en particular es complejo y muy amenazante. Así pues también la novela refleja esa paranoia, una violencia nada inconsciente.

Robert A. HeinleinEn Amos de Títeres, salen ya de forma muy definida unos personajes que de forma reiterada aparecerán una y otra vez en sus novelas. Un joven protagonista muy capaz, un adulto con experiencia y un personaje femenino que ejerza “su papel”, la mayor parte de las veces no pasa de ser un simple elemento decorativo, con alguna excepción. También su estilo se manifiesta ya aquí en todo su esplendor. Heinlein no se va por las ramas, su planteamiento es directo, nada de artificios, ni descripciones tediosas, ni diálogos inútiles, cada palabra, cada frase, está al servicio de la acción de forma enérgica y eficaz. También contiene elementos freudianos que de forma inconsciente, o no tanto, afloran de una manera poco ortodoxa.

La novela transcurre en el futuro del autor, que situó en 2007, es decir nuestro pasado y eso nos permite asistir, cómodamente desde nuestra butaca, a una historia muy diferente de la que conocemos. En el futuro de Heinlein, nuestro pasado alternativo imaginado por el autor, aún existe la amenaza comunista, los satélites existen, pero no tienen el uso que les damos nosotros, hay coches voladores… Lo que no ha cambiado nada es que seguimos viviendo en un mundo peligroso y amenazante con una gran capacidad de destrucción. El gran mérito del autor norteamericano es que, aún viviendo un pasado diferente, la novela mantiene intacta toda su vigencia, su frescura y su capacidad de maravilla.

La historia nos cuenta como un agente secreto, Sam, con la ayuda del jefe de su agencia, “el viejo” y otra agente “su hermanita”, se enfrentan a una solapada invasión de alienígenas gelatinosos de Titán que consiguen controlar el cuerpo humano cuando se fijan sobre la nuca y anulan su voluntad convirtiéndolos en simples títeres. Casi diría que lo de menos es la historia de Sam, el protagonista, ni de los odiosos alienígenas que quieren dominarnos. Lo mejor de Amos de Títeres es lo que nos cuenta de nosotros, sobre nosotros y la sociedad que retrata con apenas cuatro pinceladas, permitiendo que cada uno active su centro de creatividad y acabe por completar un cuadro entre fantástico y repugnante. Robert Anson Heinlein era maestro para colocarnos en situaciones extremas, de forma soberbia nos plantea situaciones —por favor volvamos al momento en que fue escrita, 1951—, que podrían chirriar en la sociedad del momento —conservadora, satisfecha de sí misma y victoriosa—, como el planteamiento de la necesidad de desnudez para descubrir a los humanos infectados. Amos de Títeres es, desde luego, la primera de una serie de grandes novelas donde el escritor pone patas arriba cualquier convención que tengamos, obras que le convertirán en el autor más galardonado de la historia de la ciencia ficción (novela). Robert A. Heinlein está eclosionando como autor, marcando estilo y pautando una de las épocas más ricas y fructíferas de la ciencia ficción. Está por llegar el resto de sus otras grandes obras como Estrella doble, Forastero en tierra extraña, Puerta al verano, La luna es una cruel amante, Tiempo para amar…

Portadas de novelas de Robert A. Heinlein en La Factoría de Ideas

 

En cuanto a la edición de La Factoría de Ideas, esta cuenta con una nueva traducción de David Luque Cantos que actualiza y mejora la novela, y una extraordinaria ilustración que hace que sea un libro atractivo y que apetece mucho tener en las manos. En definitiva Amos de Títeres es diversión en estado puro, un clásico que no pierde actualidad, que permite varias lecturas según le apetezca al lector y que debería ser leída no sólo por si misma sino para entender toda una época ¡lo cual no es poco! Si no ha leído nunca a este autor inyécteselo directamente en vena, deje eso sí, todos sus prejuicios a un lado, enfréntese a él con mentalidad abierta, al fin y al cabo es ciencia ficción. Si ya lo leyó, repita, Heinlein no se hace indigesto, al menos hasta la década de los setenta. Después de sesenta años escrita, sigue siendo imposible soltar el libro hasta que lo acabas. Este es un mérito que ya quisieran muchos escritores. ¡Qué lo disfrute!

© 2010 Ricard de la Casa para BEM on Line.

 

Contraportada

En puntos clave de la geografía de los Estados Unidos una fuerza invasora se está apoderando de las comunicaciones, el gobierno, la industria… y de los cuerpos de la gente. El país es incapaz de detenerla, los invasores se multiplican con mayor rapidez de la que pueden ser destruidos, controlando la mente de cualquier incauto que se cruce en su camino.

Es entonces cuando entra en acción Sam Cavanaugh, un eficaz oficial de inteligencia de la sección más desconocida del servicio secreto de los Estados Unidos. Cavanaugh es el único hombre capaz de detener la invasión, pero para hacerlo… ¡tendrá que dejarse invadir él mismo!

Sobre al autor

Robert Anson Heinlein nació en Missouri en 1907 y se graduó en matemáticas y física por la Universidad de California. Su primera novela, Rocket Ship Galileo, se publicó en 1947. Otras de sus obras son: Estrella doble (1956), Starship Troopers (Tropas del espacio, 1959), Forastero en tierra extraña (1961) y La luna es una cruel amante (1966), publicada en La Factoría de Ideas, todas ganadoras de premios Hugo.

Fue comentarista invitado en el primer alunizaje del Apolo 11. En 1975 recibió el galardón de Gran Maestro por toda su obra literaria en los premios Nébula. Su obra es una de las más vastas y galardonadas que se han escrito. Brillante y polémico, su trabajo no deja nunca indiferente al lector y es una referencia clave para entender la evolución del género. Heinlein falleció en 1988.

 

Titulo original: Amos de títeres (The Puppet Masters, 1951)
Autor: Robert Anson Heinlein
Premios: 4 Hugo y 3 Locus
Traducción: David Luque Cantos
Ilustración de cubierta: Dominic Harman
Fecha de publicación: Febrero de 2010
Formato: 23 x 15 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 320
PVP: 20,95 €.
ISBN: 9788498005424

Colección: S
OLARIS FICCION Nº: 133
Edita: La Factoría de Ideas
Género: Ciencia ficción

AVATAR de James Cameron

A V A T A R
de James Cameron

Avatar de James CameronHay películas que marcan hitos en la historia del cine fantástico. 2001 Una odisea del espacio fue una. Star Wars, otra. Mucho nos tenemos que Avatar no sea una de ellas. O quizá si, en cierto sentido, ya veremos.

Hace años que veníamos oyendo que el director de la multipremiada Titanic, Aliens y las dos primeras –y mejores- películas de la serie Terminator estaba trabajando en una gran producción que iba a marcar un antes y un después en el cine de ciencia ficción. Cameron dispone de suficiente crédito como para que los aficionados estuviéramos atentos a su propuesta, como lo estuvimos con J.J. Abrahams y su ciertamente conseguida resurrección de Star Trek (algo que no era nada fácil, no nos engañemos).

Avatar es un derroche de tecnología y medios. Hasta ahora, las buenas películas de ciencia ficción se basaban en guiones originales, bien trabajados, para conseguir llegar a niveles de excelencia bien elevados, y los efectos eran un complemento perfecto. Con Avatar eso no parece haber sido necesario. Los efectos especiales son especialmente satisfactorios y la ambientación del planeta Pandora es tan verosímil que uno tiene que mirar de tanto en tanto a su alrededor para comprobar que sigues en la butaca del cine. Cameron, avanzándose a los cambios que Internet está provocando en la industria cinematográfica, apuesta por el camino 3D para atraer a los espectadores a las salas de exhibición. Y el resultado, hay que reconocerlo, es brillante. No importa que tenga un argumento excesivamente plano, de escaso interés, que haya canibalizado diferentes novelas clásicas del género (Los dragones de Pern, El nombre del mundo es Bosque… son tantas que en Internet hay foros dedicados a buscar referencias en la película), o incluso que nos explique por enésima vez una historia de soldados e indios al estilo de Pequeño, gran hombre o Bailando con lobos. Es tanta la visualidad de la película que, tras algunos minutos intentando encontrar un argumento interesante, te dejas seducir por la orgía visual y te olvidas del resto.

Avatar de James Cameron

 

Pero, desde el punto de vista de amantes del género, mucho nos tememos que Avatar no vaya a romper ningún molde. ¿Tanto hubiera costado aunar estos impresionantes efectos especiales con un buen argumento? ¿Tan secos están los guionistas de Hollywood? Echemos un vistazo a la historia:

James CameronEn el año 2154 hay una explotación minera en el planeta Pandora, único lugar del Universo donde se ha descubierto el unobtanium, un mineral con una superconductividad tal que su precio en el mercado supera por kilogramo los 20 millones de dólares (¿en serio alguien se cree que el dólar norteamericano aún va a seguir siendo la moneda de referencia mundial en el 2154?).

Eso es más que suficiente motivo para que unos malvados terrestres desembarquen en Pandora para su explotación, sin reparar demasiado en los medios. En Pandora, un planeta en el que los seres humanos no pueden sobrevivir sin máscaras, viven los Na’vi, nativos inteligentes con aspecto de elfos gigantes de color azul integrados perfectamente en la ecología del planeta (un planeta, por cierto, con abundancia de peligros, como podrán comprobar nuestros protagonistas más adelante). Jake Sully (interpretado por un justito Sam Worthington) es un marine paralítico al que le ofrecen sustituir a su hermanos, fallecido, para incorporarse dentro de su avatar. Los avatares son cuerpos artificiales con apariencia alienígena a los que los humanos se transfieren para poder contactar con los na’vi tras los fracasos de los métodos, digamos, tradicionales. Son prototipos muy caros y personalizados según el ADN de su conductor, y es por eso que le ofrecen a Sully, sin haber sido adiestrado para ello, integrarse en la misión. La directora científica del proyecto, la Doctora Grace Augustine (una brillante Sigourney Weaver) intenta, a través del proyecto Avatar, establecer un contacto con los nativos y así conseguir que les permitan extraer el mineral con el menor perjuicio para todos (y con los mínimos costes, claro, tanto medioambientales como económicos). Por supuesto, está también el típico funcionario burócrata materialista que sólo desea obtener beneficios cuanto antes para marcarse puntos ante sus jefes y un militar que únicamente concibe una manera de tratar con los nativos: machacarlos. Sully en su avatar conoce a Neytiry (una bella Zoe Saldana) y entabla una tópica historia de amor, a través de la cual llega a profundizar en la civilización na’vi, sus costumbres, su forma de vida, perfectamente integrada en su entorno y en equilibrio con la naturaleza. Así ve el punto de vista nativo y como estos ven a los invasores alienígenas (oséase, a los humanos). Como puede comprobarse, un argumento que es un dechado de originalidad.

Avatar de James Cameron

 

Avatar de James CameronLa película no carece de batallas, que tanto agradan al público general, con grandes efectos especiales, ni de aventura, aunque sea a costa de refritos, religiones baratas y mensajes ecologistas descafeinados, pero, insistimos una vez más, si se prescinde de todo ello y se centra el foco en el entorno, en esos increíbles planos con los banshees y los leonópteros volando entre montañas flotantes de las que caen impresionantes cascadas (gran homenaje a ese genial ilustrador que es Roger Dean, aunque parecen habérselo olvidado en los créditos. Otro más.), en ese planeta alienígena increíble, la experiencia bien merece el precio de la entrada. Ahora bien, de ahí a decir que se ha marcado un antes y un después en la historia del cine de ciencia ficción… nos tememos que media un abismo.

Resulta curiosa la última polémica del film: que el personaje que encarna Sigourney Weaver fume. Ha tenido que salir al paso el propio director diciendo que no es ningún modelo de conducta para los jóvenes, más bien el contrario. Justifica el mal humor de la doctora por el vicio que tiene. Sin palabras.

Una última recomendación: escoja un cine en 3D para verla. La película, por supuesto, se puede disfrutar perfectamente en el sistema de visionado clásico en 2D, pero las 3 dimensiones ofrecen al espectador unas sensaciones mucho más vividas y placenteras. No olvide que esto es un gran espectaculo. Ni más ni menos.

© 2010 Joan Manel Ortiz y Ricard de la Casa


Dirección y guión: James Cameron. País: USA. Año: 2009. Duración: 162 min. Género: Acción, ciencia-ficción, fantástico. Interpretación: Sam Worthington (Jake Sully), Zoë Saldana (Neytiri), Sigourney Weaver (Dra. Grace Augustine), Michelle Rodriguez (Trudy), Giovanni Ribisi (Selfridge), Joel David Moore (Norm), C.C.H. Pounder (Mo’at), Wes Studi (Eytukan), Laz Alonso (Tsu’Tey), Stephen Lang (coronel Quaritch), Matt Gerald (Lyle). Producción: James Cameron, Jon Landau y Rae Sanchini. Música: James Horner. Fotografía: Mauro Fiore. Montaje: James Cameron, John Refoua y Stephen Rivkin. Diseño de producción: Rick Carter y Robert Stromberg. Vestuario: Mayes C. Rubeo y Deborah Lynn Scott

S I N O P S I S

Jake Sully, un ex marine confinado a una silla de ruedas, es reclutado para viajar a años luz, a un puesto humano en el planeta Pandora, donde un consorcio corporativo está extrayendo un mineral que será clave en la solución de la crisis energética de la Tierra. Debido a que la atmósfera de Pandora es tóxica, han creado el Programa Avatar, en el que “conductores” humanos tienen sus conciencias unidas a un avatar, un cuerpo biológico controlado de manera remota que puede sobrevivir en ese entorno. Estos avatares han sido creados genéticamente como híbridos combinando ADN humano con el de los nativos de Pandora… los Na’vi. Convertido en un avatar, Jake puede volver a caminar. Se le asigna la misión de infiltrarse entre los Na’vi, que se han convertido en un obstáculo importante para la extracción del preciado mineral. Pero una hermosa mujer Na’vi, Neytiri, le salva la vida, y esto lo cambia todo…

EL ÚLTIMO HOMBRE MORTAL de Syne Mitchell

Portada de El último hombre mortal de Syne Mitchell La inmortalidad es un tema sugerente pero complicado, como muchos en el género. Nada más aburrido que un personaje que se pasea por los siglos, lo cual, en general, es sinónimo de poco que hacer. Por fortuna y muy a pesar de lo que el título pueda sugerir, el tema de la novela no es precisamente la inmortalidad. Nos encontramos aquí con una novela de aventuras, en su mejor formato “space opera” sino fuera porque toda la acción transcurre en nuestro planeta y lo más lejos que viajamos (por ascensor espacial eso sí) es a las estaciones que nos orbitan.

La nanobiología ha venido para solucionar todos los problemas del mundo, bueno todos no, pero al menos si aquellos que nos atenazan en estos momentos. Seguimos en un mundo capitalista donde el dinero es capaz de comprar la inmortalidad y si no tienes suficiente, si al menos algunas “mejoras” que harán tu vida mucho más agradable o la capacidad de encontrar un mejor trabajo.

Todavía resuena en mi cabeza aquel Incordie a Jack Barrow, de Norman Spinrad (Acervo) donde la premisa esencial estaba en la misma inmortalidad y la forma de conseguirla, donde el personaje se planteaba si era ético o no conseguirla al precio indicado (un precio no monetario). La autora no plantea la novela en esos términos, e inclusive deja de lado otras ideas que transpiran por sus páginas como son la “gestalt” a la que gaia.net (nuestra Internet) sumerge a todos aquellos humanos modificados por la nanobiología, capaces de sentir las emociones del resto de humanos que interactúan en la red.

Novela ambiciosa en su concepción, de lectura fácil y absorbente. Mitchell vuelca sin problemas ideas y más ideas como si fuera el final de un castillo de fuegos artificiales, configurando un mundo realista donde el poder y el miedo son los absolutos protagonistas. Syne Mitchell sabe crear una atmosfera intensa en base a la contraposición de elementos positivos y negativos. La dualidad de todo lo existente, el Ying y el Yang. Así crea la nanobiología positiva (hacedor de bienes) y su contrapuesta el desensamblador (destructora de ella). Crea un ser inmortal (Alexa), con apenas un leve recuerdo de su humanidad y su antagonista un humano incapaz de sobrevivir en ese mundo nanobiológico (alérgico a la nanobiología).

Un tour de force intenso, donde las escenas de acción priman en la narración, acariciando algunas ideas interesantes como el ecologismo tan de moda, o ideas tan atemporales y a la vez tan rabiosamente actuales como por desgracia el racismo, la intolerancia, la injusticia social, que quizá podría haber tocado con mayor profundidad.

Curiosas algunas analogías que la autora utiliza, como por ejemplo la de los lugares “muertos” para designar lugares libres de nanobiología, donde siguen viviendo algunas comunidades que el cine se ha encargado de poner de actualidad en las últimas décadas, amish, menonitas… de nuevo el Ying y el Yang aparece para contraponer la nanobiología y la ausencia de ella.

La resolución de la novela, aunque muy elaborada y siguiendo los mismos pasos del resto de la novela, contraposición de elementos del Ying y del Yang, viene un poco forzado dado el impresionante ritmo acelerado a la que la escritora somete al lector en las últimas 50 páginas. La dictatura del editor a veces juega malas pasadas.

La obra tiene un final abierto. Syne Mitchell se deja una puerta sin cerrar para poder seguir con los mismos personajes y el mismo universo. Desde luego y aunque yo no soy muy partidario de segundas partes, tantas buenas ideas bien merecerían una revisita en un futuro.

Por cierto, la lectura de esta novela me hizo recordar la afortunada frase de Arthur C. Clarke que dice “Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Siendo El último hombre mortal pura ciencia ficción, el mundo nanobiológico en el que nos sumerge la autora me hizo pensar sobre cuan profundamente están unidos ambos conceptos. Polvo inteligente, edificios imposibles, personas que se reconstruyen… me hizo reflexionar sobre la sencillez de unir ambos términos y la nueva fantasía que parece abrirse paso lentamente en nuestras mentes.

© Ricard de la Casa Pérez

Volver a empezar de Ken Grimwood

Algunas ideas son especialmente agradecidas al ser trasladadas a una novela o guión. La inmortalidad, la prolongación de la vida del ser humano, los viajes en el tiempo, vivir la vida de otros o simplemente la repetición de la vida propia, tienen tal magnetismo que las hacen especialmente atractivas para una gran mayoría de lectores. La idea básica de Volver a empezar de Ken Grimwood es una de ellas.
Es evidente que una sola idea no basta para hacer que una novela gane un premio mundial de fantasía, pero todos hemos sentido la curiosidad de saber que hubiera ocurrido si hubiéramos tomado una decisión diferente a la que en realidad tomamos. En definitiva poder cambiar nuestro pasado para saber como hubiera sido nuestro futuro. Esa es la idea central de la novela y el personaje, Jeff Winston, se ve sometido a una revisión constante de su vida. Su problema es que no sabe porque ocurre y no consigue que esas repeticiones acaben. Su vida, un periodo de tiempo concreto de su vida para ser más exactos , se repite una y otra vez.

El tema de las repeticiones ya fue utilizado en el cine, concretamente en la película Groundhog  Day (con el título en español de El día de la mamota y protagonizada por Bill Murray en 1993), que parte de una premisa similar, el personaje revive constantemente un día particular de su vida, pero mientras que en el film, subyace la idea de que el personaje debe mejorar su vida –es un pobre diablo amargado- en la novela –y es uno de sus grandes aciertos- nunca se llega a saber el porqué o los motivos por lo que eso ocurre. Así pues el autor se desliga completamente de intentar explicar la causa y el cómo ocurren esas repeticiones –a estas alturas no sabremos si para mejorar o empeorar su vida- , dejando que sea cada lector, el que saque sus propias conclusiones al respecto, con un final que, sin dar pistas, cierra correctamente la novela. Ken Grimwood prefiere concentrarse en los personajes, en su evolución a través de las experiencias que las sucesivas “repeticiones” le permiten acumular, sin intentar darnos lecciones de moralidad decimonónica.

La novela comienza justo cuando Winston muere de repente a los 43 años y revive en su propio cuerpo 25 años atrás con la mente y experiencia del  adulto que era antes de fallecer, en un cuerpo de 18 años -¿alguien puede resistirse?-. Grimwood consigue hacer avanzar la trama con fluidez, si tenemos en cuenta que esta contando la misma historia, reduciendo los tiempos muertos o repetitivos a meras anécdotas y haciendo navegar a Winston una y otra vez por los mismos mares probando aquí o allá rutas alternativas para llegar a nuevos lugares.  El principio y el final, de forma constante, tienden a unirse en un hilo sin fin.  Bucles que se anidan dentro de otro bucle mayor en la que la novela se constituye, haciendo que el final de la misma sea también un regreso al principio, justo cuando Jeff Winston muere, cerrando todos los bucles de manera sincronizada. La evolución del  personaje, su maduración a través de cómo esas repeticiones le afectan, es su principal reclamo -también en el mejor estilo de las novelas de viaje iniciático- y la razón por la que nos sea imposible dejar la lectura.

Curiosamente su atractivo es también su lastre, el personaje y el lector, primordialmente, saben que tras algunas repeticiones cualquier cosa que haga, que pruebe, que cambie  acabarán en el cubo de la basura, desapareciendo en el limbo de lo que pudo haber sido y nunca fue. Eso lleva al personaje y la historia a momentos planos que el autor sortea con un estilo limpio y directo. En realidad el tema central de Volver a empezar es una historia de amor,  amor que surge entre personas que “repiten” sus vidas, un amor en cierta forma eterno, inalcanzable para el resto de los mortales, ya que es un amor que perdura a través de sus repeticiones. Poco a poco  la subtrama va haciéndose más importante para acabar imponiéndose definitivamente. La evolución de los personajes permite a Grimwood mostrar desde el lado más luminoso del alma humana hasta los recovecos más oscuros.

Un par de apuntes: 1/ Volver a empezar forma parte de esas novelas imposibles de etiquetar bajo un género definido. Siempre me sorprendió el hecho de que esta novela fuera catalogada como fantasía, ya que podría englobarse, como otras ilustres novelas, dentro de otros campos como la misma ciencia ficción sin mayor problema. Ahora mismo estoy pensando en El libro de los cráneos de Robert Silverberg como el ejemplo perfecto. Y 2/ Novela que se puede leer, y es muy de agradecer visto como envejecen muchas, exactamente igual de bien hoy (2008), sin perder ni un ápice de su interés y frescura, que cuando fue escrita (1986), o publicada en España por primera vez (1994). Ganó merecidamente el Premio Mundial de Fantasía y merece estar en cualquier lista de la novelas imprescindibles.

© 2008 Ricard de la Casa

Esta reseña fue publicada en el portal BEM on Line de ciencia ficción en julio de 2008


Volver a empezar, de Ken Grinwood (Replay; 1986). La Factoría de Ideas, col. Solaris Ficción nº 101. Madrid, 2008. Traducción de Celia Filipetto. Premio Mundial de Fantasía 1988. 320 páginas, 19,95 euros. ISBN. 9788498001792.

Texto de la contraportada

Un clásico de los viajes en el tiempo que lanza una pregunta provocadora: ¿qué pasaría si pudieras vivir tu vida otra vez, acordándote de los errores cometidos en el pasado? A Jeff Winston, de 43 años, se le da esta oportunidad varias veces. Atrapado en un matrimonio aburrido y un trabajo sin salidas, muere en 1988 y se despierta en 1963, con 18 años, en el dormitorio de su antigua universidad. Todo es igual que antes, pero con una gran diferencia: Jeff sabe lo que le depara el futuro. Sabe quién ganará cada partido, cada competición nacional, y hasta cómo hacer dinero en Wall Street. Lo único que ignora es por qué ha sido elegido para volver a empezar su vida, ni cuántas veces deberá ganar, y perder, todo lo que tiene.

Ken Grinwood. Nació en Dothan, Alabama, en 1944. A pesar de haber estudiado Psicología en Nueva York, ejerció como periodista radiofónico y director de informativos en la ciudad de Los Ángeles durante años, hasta que, tras el éxito que supuso la publicación de Volver a empezar, decidió dedicarse a la literatura por entero. En toda la obra de Grimwood queda patente su afición por los cómics de horror y fantasía, así como por los temas metafísicos, presentes ambos en esta novela, la más aclamada del autor y por la que ganó el Premio Mundial de Fantasía. Grimwood murió de un infarto en su casa de Santa Barbara a la edad de 59 años, dejando inacabada la secuela de Volver a empezar.

… Y Susan lloró amargamente

El origen de este artículo se remonta hasta 1992. Miguel Ángel Martínez editor de los fanzines Space Opera y Fandom me llamó una noche al cabo de pocos días de conocer la noticia del fallecimiento de Isaac Asimov, ocurrida el seis de abril de 1992. Me pidió un pequeño artículo sobre Asimov para un especial que quería hacer sobre el célebre escritor norteamericano de origen ruso. Yo siempre había disfrutado de las obras de Asimov, así que no me costó mucho ponerme a ello. Lo escribí, se lo mandé y me olvidé de él. Al cabo de unos años, a finales de 2006 me llamó Claudio Landete, otro buen amigo de la Asociación Cultural Mundo Imaginario, buscando material para un especial Asimov de relatos y artículos. Como sabía que Miguel Ángel nunca había publicado el especial, lo busqué, se lo mande y lo aceptó.

 
En abril de 2007 con 15 años de retraso vio la luz impreso el artículo. En él exploro más mis emociones y mis sensaciones con respecto a su obra que un análisis de las mismas. Cuando lo escribí intente usar (utilizar, copiar) el mismo estilo que él utilizaba en sus artículos, un poco de sal y pimienta para reírse de uno mismo, aunque por supuesto no le llego ni a la suela de los zapatos.

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